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AYUDAR A QUIEN NO QUIERE SER AYUDADO

La opción sencilla es aquella en la que tanto tú como la otra persona coincidís en la visión de su problema. La opción difícil es aquella en la que tú lo ves y, aunque si ella también lo viese aceptaría tu ayuda, por ahora, no es así. Es un reto de mayor dificultad cuando, aun si lo viese, no acepta tu ayuda. 

 

 

 

 

 

ÍNDICE:  INTRODUCCIÓN

               EL RESPETO Y LA CONFIANZA

               TIPOS DE SITUACIONES

               LA AYUDA

               PLANTEAR LA AYUDA PROFESIONAL

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Un muro de piedra. Un muro de piedra coronado por una serpentina. Es lo que te encuentras cuando a todas luces para los demás esa persona necesita ayuda. Y hablo de persona, pero ocurre también con parejas y familias que conoces o quizás trabajas. Las situaciones pueden ser muy diversas, desde acontecimientos difíciles de afrontar, cambios vitales, la adolescencia, familiares de edad avanzada, personas que han perdido a alguien importante y están en duelo. Violencia de género. Puede haber un problema importante de adicciones o alcohol. Una enfermedad que supone una gran lucha de recuperación, una enfermedad con ciertos cuidados,  una enfermedad degenerativa o terminal. Enfermedades mentales, en especial la esquizofrenia o la depresión. O una persona con la idea del suicidio en la cabeza. 

 

A las personas se nos enseña desde pequeños a ayudar a los demás y ese valor está arraigado en nosotros. Quizás, sería bueno plantearse si realmente sabemos qué supone, si estamos preparados y si la persona a la que queremos ayudar, nos elige para ello. Aunque siempre hay elección, en ocasiones, nos vemos en ese rol porque se trata de alguien cercano o es alguien a tu cargo. Te vuelves un cuidador primario, que también necesita un apoyo, bien guardando sus espacios y momentos de autocuidado, bien desde grupos de apoyo o ayuda profesional. 

 

EL RESPETO Y LA CONFIANZA

 

Las personas están confusas y asustadas cuando una situación difícil comienza a darse. Se niegan a sí mismas y a los demás que esté ocurriendo. El factor de la personalidad aquí es importante, tanto por la confianza que una persona tiene en sí misma como por cómo ha aprendido a afrontar las cosas. Es todo un proceso de aceptación de la situación.

 

 En ocasiones se dificulta porque existen personas cuya experiencia de vida les ha llevado a aprender a enfrentar las situaciones llevándolas al límite del dolor emocional y no eligen hacerlo de otro modo. Hay quien aprende de los golpes y se fija poco en la experiencia de los demás. Existen personas que necesitan tocar fondo para reconocer la situación y que solos no pueden combatir lo que les ocurre. 

 

El caso es que el camino de resolver lo que ocurre pasa por que sea aceptado y enfrentado, y eso es un posicionamiento en el que la persona tiene que hacerse cargo de su situación por sí misma. Para que eso se de, tiene que llegar a ello, es un proceso único e individual, nadie puede hacerlo por ella. Incluso enfrentar la situación, salir de ella y lograr las herramientas necesarias para no volver a caer en la misma encrucijada, es un proceso de aprendizaje que tiene que hacer por sí misma, como protagonista activa. 

 

Ayudar no significa hacer este trabajo por ellas, desde este enfoque, sino facilitar y acompañar. La confusión que tiene la persona que queremos ayudar puede ser aclarada no rehuyendo lo que estamos viendo y evidenciar desde una conversación comprensiva pero directa el problema y sus consecuencias. El miedo que sienten puede ser contenido desde una visión orientada hacia la solución que tiene el problema y que existe ayuda para ello.

 

 

En este tipo de ayuda es muy importante respetar el proceso de cada uno, porque lo que podría servir para la persona que se quiere ayudar, no tiene por qué encajar en la persona que necesita nuestra ayuda. Incluso tratar de imponer nuestra visión de la situación podría provocar el efecto contrario que queremos lograr, la persona podría sentirse presionada o que no es entendida y alejarse. Imponer nuestros valores de vida, poner condiciones o chantajear… son, más allá de la buenas intenciones, una falta de respeto. Incluso a veces hay que aceptar que aunque nosotros queramos ayudar, la otra persona no quiere contar con ello, o prefiriere depositar su confianza en otra persona. 

 

La actitud más acertada sería la que logre que el otro nos vea como un posible proveedor de ayuda. Desprendernos de nuestra ansiedad, y confiar en el otro y en su capacidad de reacción y de solicitud. Nadie confía porque sí, es lo que percibe de nosotros lo que hace que de el paso. Una energía en la cual crees que te puedes apoyar, un lugar donde no vas a ser juzgado ni te van a cargar con negativismo, un estado de calma que se trasmite a la vez de la presencia con la que puedes contar. A veces, la relación de confianza está formada ya de antes, otras, no. Y cuando se atreba a hablar, estará encarando la situación, y el modo de escucha que tengamos ante lo que salga será la prueba a superar para que esa persona al final confíe en nosotros y en que puede superar lo que le ocurre. No se trata de la respuesta o lo que le digamos, en realidad, muchas veces, guardar silencio es lo mejor que podemos hacer. En ocasiones, hay mucho dolor; la persona puede tener miedo a dejarse llevar por su expresión o esté asqueada de sentirse así, puede temer que la otra persona no pueda con ello o temer el rechazo.

 

TIPOS DE SITUACIONES

 

Existen dificultades de vida difíciles de enfrentar, que requieren estrategias distintas a las que utilizábamos hasta el momento. En general, no nos suele resultar difícil pedir opinión y ayuda para la mayoría de ellas, porque hemos aprendido en nuestra experiencia que funciona, y solemos sentir más el agradecimiento que la culpa por hacerlo, porque hoy eres tú el que la necesitas, pero en el futuro, puede ser que la persona que te brinda hoy la ayuda sea a la que tú ayudes. Incluso existen rituales sociales que marcan cómo brindar y recibir ayuda, como en los funerales. Pero en ocasiones, esas dificultades de vida van acompañadas de otros factores que bloquean el proceso de aceptación y mantienen el mecanismo de negación. Factores como el momento en el que ocurre, la personalidad o las relaciones conflictivas entre los implicados.

 

No es lo mismo que se quede en paro un hijo que vive con sus padres a que sea uno de ellos. Se puede esperar que un duelo de un padre de edad avanzada con quien te llevabas bien y te despediste, se pase mejor que el duelo de un hijo joven. No es lo mismo un divorcio con hijos que sin ellos. Independizarse con el apoyo de tu familia es diferente que hacerlo porque la convivencia en casa era insostenible. Un hijo adolescente con quien tienes una relación de confianza es más fácil de guiar que uno al que no llegas. Acompañar a un padre mayor en esa etapa de su vida es más fácil cuando no hay asuntos pendientes con él. 

 

Acompañar a alguien en crisis vital es difícil, porque está en plena revisión de su vida y es emocionalmente cambiante. La dificultad de acompañar a una persona en duelo está en respetar sus ritmos. Se tiende a proponer a que hagan cosas que les distraigan de la tristeza o de la melancolía, o criticar que realicen actividades que les evada. No se suele respetar tampoco la necesidad de estar solos. 

 

Adicciones: juego, drogas, alcohol… Es importante informarse bien antes de poner la etiquete a alguien, pero es cierto que un baremo infalible es la conducta de descontrol sobre el gasto o consumo, de tal manera que el juego, la droga o lo que sea a lo que la persona es adicta, le controla y no al revés, como ella niega. En la conversación con la persona a la que queremos ayudar, debemos escuchar con empatía, porque hasta llegar al momento presente hay un recorrido importante; señalar las discrepancias entre lo que era su plan de vida y lo que tiene ahora, y que creemos que con ayuda, puede enfrentarlo. Si es alguien que conoces, notarás que su personalidad ha cambiado con el problema, y necesita límites. Su conducta puede comprometer sus estudios, relaciones, trabajo… y las personas cercanas pueden acabar salvándole la papeleta, mintiendo o encubriéndole, creyendo que así le ayudan. Temen que caiga más en el problema y piensan que si tienen una motivación como unos estudios, un trabajo… lucharán por salir de donde están. Pero lo único que consiguen es fomentar la adicción, porque su conducta errónea no tiene consecuencias, y se repetirá. Dejar que las asuman les hará asumir que tienen un problema y necesitan ayuda.

 

Violencia de género. Resulta difícil de entender cómo una pareja a llegado a esa situación y no se ha separado antes. Una parte de la ayuda tiene que venir desde un lado práctico, porque probablemente la persona más motivada a terminar con la situación es la víctima, y probablemente si es económicamente dependiente y tiene hijos dar el paso puede suponer un salto al vacío. Otra parte de la ayuda viene de entender que si bien la relación dañina es evidente para ambos, no lo es tanto la dependencia mutua, por lo que necesitan hacerse cargo de ese aspecto. 

 

La enfermedad mental. La dificultad está en que la conducta y emoción de la persona que queremos ayudar se escapa a nuestra comprensión y nos asusta, y nuestra reacción bien sea de protección más o menos agresiva, como de evitación, no sirve de nada en el mejor de los casos. Hace falta informarse bien sobre la enfermedad para poder ayudar. En la esquizofrenia, se ha estudiado la relación de factores como los comentarios críticos, y la agresividad de la comunicación en el empeoramiento de la enfermedad y recaídas; otro factor es la sobre implicación, en el sentido de casi sentir como propio el sufrimiento ajeno, pero también en el sentido más conocido de sobreprotección. En cambio, son positivos los mensajes de apoyo, ser congruente en lo que hacemos y decimos, estar cuando estamos calmados, ayudara la persona a que crea en sí misma y no hacer por ella lo que puede. Necesitan una referente emocionalmente estable al lado, que les ayude a disminuir la activación que ya tienen de por sí. Y si tienen síntomas negativos, ayudarles con limites y estructura. 

 

 

En la depresión, es difícil acompañar a una persona en tal grado de sufrimiento, desamparo y pérdida de sentido vital, en ocasiones es fácil enfadarse por la falta de reacción, en otras, te puedes sentir arrastrado. Por eso, hay que respetar sus ritmos, pero entender que tienen una visión negativa de las cosas y que les puede venir bien señalar una visión más realista. También ayuda mantener las fuentes de estrés alejadas. 

 

Descartando la enfermedad mental, una persona que se plantea el suicidio es una persona con un gran dolor, y ve en él la única salida posible. Hay quien dice que la muerte es un remedio para almas cansadas, y otros que el suicidio es una solución permanente para un problema pasajero. Lo cierto es que cuando estamos inmersos en la tristeza y en la desesperación, no somos objetivos para ver la solución de lo que nos ocurre, y solo cuando salimos de ese estado emocional caemos en la cuenta. Y el caso es que existen tratamientos eficaces para cambiar ese estado emocional. Para ayudar a una persona con ideas de muerte, no hay que dejarle que se despida, muy al contrario, potenciar su conexión con sentido de pertenencia a un grupo de amigos y familiares. Conversar sobre sus intereses si es joven, o ayudarle a sentirse útil, si es mayor. Fuera de evadir hablar sobre el suicidio, reflexionar y reconsiderar su decisión, brindar esperanza y una opinión sincera. Se sienta como se sienta, es como tiene que ser, las razones por las que una persona puede llegar hasta aquí son muchas, agradeces su confianza, y te ofreces a ayudarle a buscar ayuda. Y haces un trato con esa persona: antes de tomar una acción suicida, tiene que llamarte, y a cambio tú estarás disponible en cualquier momento. Si es una persona cercana, necesita que no le dejes solo y que alejes de él cualquier método que pueda utilizar. 

 

Luchar contra la enfermedad física es un proceso muy duro, quien tiene que hacerlo, está muy asustado. Existen enfermedades que son para toda la vida, pero con unos cuidados se puede lograr una buena calidad de vida, pero el enfado por tener que pasar por esta situación puede hacer a la persona negligente. Otras enfermedades son degenerativas, no hay esperanza de estar mejor, sino de estar igual mañana. Existen enfermedades que se pueden superar y otras, no. El miedo puede hacer que la persona se vuelva absorbente o agresiva, y hay poner un límite, o que la persona no quiera ser una carga y se deje. No necesitan que les metamos más miedo del que ya tienen y sí que admitamos que para nosotros también es un proceso duro. Solo desde ahí podremos estar equilibrados para acompañar, resolver los asuntos pendientes con ellas, y respetar su dignidad y su capacidad de decisión sobre su cuerpo.

 

LA AYUDA

 

Desde que nacemos, nos prestan ayuda; y con ella crecemos y nos desarrollamos. Y no necesitamos compensación, porque cuando otro la necesita, nosotros nos ofrecemos. Es por eso que ayudar a otros tiene ese aspecto, también nos estamos ayudando a nosotros mismos, estamos devolviendo el favor de haber sido ayudados en otro momento. Es importante tener en cuenta que sólo si hemos tomado de otros antes, si nuestra experiencia en la infancia fue buena, estamos preparados para dar. Si no, obedecemos a otras intenciones en el acto de ayuda, y probablemente tengamos dificultades en sintonizar empáticamente con el otro. 

 

Cuando has pasado por la experiencia de recibir del otro y tomar lo ofrecido, eres capaz de regular la ayuda que prestarás en el futuro. No se debe dar ayuda a cualquier precio o de cualquier manera, se convierte en una relación poco sana; puede aparecer un rol del salvador, el rol de padre o madre, y el otro tomar el rol de niño.

Límites cunhado se presta ayuda a otra persona:

  • Un límite en la ayuda está en que no podemos dar lo que no tenemos, y el otro no debe tomar de ti lo que no necesita.

  • Otro límite es que solo se puede cambiar lo que es un problema, no a la persona en su totalidad.

  • La ayuda sana es un acompañamiento que se brinda a otro adulto hasta el punto en el que uno elija y pueda, desde la libertad mutua.

  • No influir en la relación que tiene la persona a la que queremos ayudar con sus familiares o entorno. No hay que tomar parte, ni defender ni demonizar a nadie.

  • No juzgar las acciones y valores de la persona a la que quieres ayudar, provocarías inseguridad en ella y dependencia.

 

No hay que asumir responsabilidades que no nos competen. Más allá de ser un apoyo transitorio, hay que facilitar  que la otra persona se haga responsable d su propia vida, sin crear vínculos de relación que lo dificulten.

 

 

Si prestar esa ayuda te convierte en el cuidador primario de una persona, debes mantener conductas y espacios de autocuidado. No tiene sentido ni en el momento, ni en el futuro, el sacrificar toda tu vida en ese cuidado al otro, ni tampoco te dejará ser eficaz, por lo que continúa con tu vida de forma paralela. Plantéate por qué ayudas y se fiel a ello, y haz limpieza de vez en cuando, aclara los conflictos con esa persona y reevalúa la situación con periodicidad, poniendo especial cuidado a tus emociones. Al igual que la otra persona es libre para poner un límite o u fin a la ayuda que tú le brindas, también tú tienes la libertad de hacer lo mismo. La relación de ayuda, tiene que ser sana para todos los implicados. 

 

PLANTEAR LA AYUDA PROFESIONAL

 

El camino por el que llegas a plantearle a alguien que necesita ayuda profesional llega desde distintos lugares, pero suele ser común que la persona a la que se lo tienes que plantear no habla de ello. Puede que la solución a su problema se te escape de las manos, puede que que tengas claro que no eres tú quien puede ayudarle, más allá de un acompañamiento o apoyo. Puede ocurrir que quieras implicarte en el tratamiento, pero no sabes qué hacer. O que tú también necesites ayuda porque la situación te implica. 

 

 

Existen distintos argumentos para plantear. Quieres ayudar, pero no ves que las cosas mejoren y estás preocupado por que incluso empeoren. Y te estás chocando con que tu ayuda no es suficiente. Dile que te has estado informando y que crees que un profesional (médico, psiquiatra, psicólogo, psicoterapeuta, mediador, asistente social, comunidad, asociación…) puede ser ese apoyo que tú no puedes darle. Crees que alguien objetivo, con experiencia en situaciones parecidas a la suya y con tratamientos que hayan demostrado que ayudan, puede darle lo que tú no puedes y ves que necesita. Entiendes que se trata de gente que no conoce y da miedo ir a un sitio desconocido, pero vas a estar tú con él. Pedir ayuda no significa que estés loco ni que sea un fracasado, muy al contrario, demuestra valentía y que quiere cambiar las cosas y recuperar su vida. Y siempre tendrá la última palabra, él decide si cree que la ayuda que le están prestando le es útil. Hace tiempo que la idea de ser paciente que traga con todo pasó a la historia, tiene voz y tiene voto, y es él quien marca hacia dónde y hasta dónde entrar. 

 

Hay situaciones especiales. Menores de edad, situaciones de riesgo, adicciones, personas sin mala intención, pero que tienen beneficios secundarios a que estemos nosotros… Si todos esos argumentos no han tenido un efecto en la otra persona y es muy importante que se ponga en tratamiento, se puede utilizar un ultimátum. Si no pide ayuda profesional, perdería parte de nuestro apoyo, aquel que creemos que no le está ayudando, como el apoyo económico, escuchar sus quejas que luego no resuelve, … En realidad, todavía quedaría un paso que tiene que dar, el que tiene que ver con su motivación para el cambio, puesto que es importante que sea parte activa del tratamiento. Pero ya sea porque ya que tiene que acudir, puede aprovechar la oportunidad para aliviar cosas que le preocupan y que por otro lado, puede que estén relacionados con su problema, ya sea porque compruebe que la ayuda le está viniendo bien, el caso es que la resistencia del principio, está vencida. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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