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LA ANSIEDAD: GRADOS Y TRATAMIENTO

Un grado normal de ansiedad es aquel que te mantiene preparado para enfrentar el día a día con eficacia, y se controla sin dificultad con momentos de esparcimiento, buena alimentación y ejercicio. Empieza a ser un problema cuando genera sintomatología y se escapa al control. 

 

 

 

 

 

 CONTENIDO: Introducción

                             La ansiedad como rasgo de personalidad

                             La ansiedad y la depresión

                             Los mecanismos de defensa

                             Sintomatología

                             Tratamientos

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

La ansiedad normal se genera cuando somos conscientes que hay algo a lo que debemos reaccionar y que dependiendo de ello asumiremos unas consecuencias u otras. La ansiedad tendrá mayor o menor intensidad dependiendo de lo eficaces que seamos a la hora de enfrentar la situación, la evaluación que hagamos de nuestra eficacia y si las consecuencias son agradables o no. El tiempo de respuesta juega a nuestra contra, y puede ocurrir que no se nos ocurra nada que nos libre de algo desagradable. Más aún cuando lo que percibimos que tenemos que enfrentar es peligroso.

 

 Muchas respuestas a situaciones que la generan, son automáticas, ya por aprendizaje, ya como defensa del inconsciente. En situaciones de la vida normal, la ansiedad se puede disipar con aficiones o situaciones que ayudan a desconectar, con ejercicio y una dieta equilibrada.  Pero puede volverse un problema cuando se escapa al control y aparecen síntomas, tales como taquicardia, ahogo, temblores, sudoración, nauseas, vómitos, mareos o bruxismo.

 

La causa de la aparición de la ansiedad con síntomas es la suma de diversos factores. La herencia, el ambiente en el que se vive, eventos traumáticos, sufrir demasiado estrés, los cambios radicales, las crisis vitales… Por otro lado, localizar el factor que más está influyendo podría ayudar a solventar el problema de la mejor manera. 

 

Sea el factor que sea, existen unos síntomas físicos que por su intensidad, preocupan porque escapan al control y el entendimiento, van más allá de un estado de nerviosismo. La persona tiene miedo de ellos y por su similitud a los síntomas de una enfermedad, trata de controlarlos con visitas al médico, pero también con diversas conductas, entre ellas, la evitación de las situaciones que potencialmente puedan desencadenar ese estado. Además, aunque en muchas ocasiones las personas con esos síntomas se vuelven dependientes de la ayuda de los demás, intentan ocultar sus preocupaciones, porque son conscientes de su irracionalidad. 

 

La ansiedad puede venir acompañada de fatiga, malestar, falta de sueño y apetito… síntomas semejantes a la depresión. De hecho, cuando se vuelve crónica, es lógica la sensación de no poder con ello y la indefensión que le sigue, apareciendo la tristeza. 

 

 

 

LA ANSIEDAD COMO RASGO DE PERSONALIDAD

 

La ansiedad como rasgo de personalidad es algo distinto a la ansiedad como estado emocional transitorio, es una tendencia estable a percibir las situaciones como amenaza. Distintas situaciones serán evaluadas como peligrosas y despertarán reacciones de ansiedad. Es como si la ansiedad estuviese constantemente buscando algo en dónde recaer. Puede ocurrir que una persona, además de tener una personalidad ansiosa, tenga un trastorno de ansiedad en un momento concreto de su vida. 

 

El estado de ánimo no es pues una emoción, es un modo de estar de duración prolongada, y tiene menor intensidad. Su rango está marcado por una energía, bien el sentimiento de estar cansado o el contrario, activo; y marcado también por una sensación de calma, o lo contrario, tensión. Los extremos serían la depresión o la euforia. Existe otro concepto, el humor, y se refiere a vivacidad de una persona, las ganas, el entusiasmo y la predisposición a enfrentar las situaciones.

 

 

 

LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

 

 

Ante una situación surge una emoción que nos llevará a una conducta congruente con ella. Emociones que emerjan ante situaciones excitantes o de estrés como la sorpresa, el miedo, la rabia, el asco, la alegría o la curiosidad, activarán conductas que harán que dejemos de lado en lo que estábamos concentrados y prestemos toda nuestra atención al estímulo. Las reacciones pueden ir desde la huída, el ataque o la permanencia. Otras emociones, como la tristeza, la admiración o la seguridad, bajan la energía de reacción, y darán paso a la atención, el aprendizaje, la relajación, o la satisfacción. 

 

Puede ocurrir que durante un período de nuestra vida, las situaciones que nos toque vivir estén más en el rango del estrés, provocando emociones de miedo o rabia, que en situaciones en las que nos sintamos seguros. Puede ocurrir que vivamos una acontecimiento traumático y que durante un tiempo su recuerdo nos provoque ese sentimiento. La activación de energía es alta y nos mantiene la alerta constante. 

 

Por otro lado, los trastornos de depresión o trastornos del estado de ánimo pueden acompañar a un trastorno de ansiedad. Se habla de depresión cuando existen sentimientos de tristeza que se mantienen en el tiempo y que hacen difícil llevar el día a día. La tristeza va acompañada de desánimo, falta de motivación y resulta difícil disfrutar de la vida. También habría que diferenciar como he hecho antes con la ansiedad, que puede ser un rasgo de personalidad. Los trastornos de depresión pueden ser tres: 

- Depresión mayor. Los síntomas interfieren en la capacidad de trabajo, apetito y sueño, y suele tener que ver con una perdida o situación importante. Se da tristeza, ansiedad, culpa, pérdida de interés, baja energía, dificultad para concentrarse, inquietud, irritabilidad, ideas de suicidio, trastornos del sueño y del apetito. 

- Trastorno de depresión persistente. Los síntomas son menos severos, pero se alarga en el tiempo por más de dos años.

- Trastorno bipolar. Se caracteriza por cambios en el estado de ánimo, dándose momentos de euforia excesiva y gran energía y otros de depresión mayor. 

 

 

 

LOS MECANISMOS DE DEFENSA

 

La manera habitual de responder ante una situación que provoca ansiedad suele se automática, justo nos damos cuenta del malestar, con suerte. Enseguida activamos lo que hemos aprendido que nos ha funcionado en otras ocasiones, y sólo más adelante nos planteamos lo ocurrido. En otras ocasiones, la reacción es más difícil de evaluar después, con modos de defendernos del malestar más inconscientes, porque lo que activa la ansiedad hace peligrar nuestra estructura de ver la vida o la confianza que tenemos en nosotros mismos de salir con la autoestima intacta. 

 

Esa ansiedad puede proceder de tres fuentes: la ansiedad provocada por peligros reales, la ansiedad provocada por deseos propios que nos harían sentir culpables si los llevásemos acabo, y la ansiedad por haber trasgredido nuestro código moral. En un funcionamiento ideal, gestionaríamos todas estas situaciones satisfactoriamente, es decir, los peligros externos serían previstos y manejados, haríamos lo que nos apetece cuando fuese oportuno y no nos traicionaríamos a nosotros mismos a nivel moral. Pero no es tan sencillo ni es un proceso de gestión tan consciente como nos gustaría.

 

Para apartar la ansiedad que generan estas situaciones y defendernos de ella, inconscientemente activamos diferentes mecanismos:

 REPRESIÓN. Mantiene el objeto o situación que genera la ansiedad fuera de la consciencia y del pensamiento. Ejemplo: una persona que está a dieta, podría haber picado en un momento de debilidad algo "prohibido", y luego evitar pensar en lo que ha ocurrido, incluso, puede que, a menos que se fuerce, no lo recuerde. 

NEGACIÓN. Te niegas a creer que el acontecimiento que te podría generar ansiedad ha ocurrido, porque te sientes incapaz de afrontarlo en ese momento. Ejemplo: existen personas que niegan tener problemas incluso los más comunes, y por su puesto, más los importantes y evidentes para los demás.

PROYECCIÓN. La manera de ocultarte lo que te genera ansiedad es atribuírselo a otra persona. También puede ocurrir que interpretes lo que no quieres ver en ti en la situación de otra persona. En ocasiones, los niños no pueden hablar de ciertas cosas que les generan ansiedad, pero pueden decir que eso es lo que les pasa a su mascota o lo dicen jugando a algo. Por ejemplo, una persona puede acusar a otra de un enfado, cuando  en realidad, es ella quien lo siente.

 

RACIONALIZACIÓN. La ansiedad que genera una situación se reduce buscando una explicación o excusa racional y así asumir una realidad que se presentaba inaceptable. Por ejemplo, si te equivocas al pasar un recado importante en el trabajo y no llega, probablemente te digas a ti mismo que estabas sobrepasado de tareas, que esa no es tu función y que bastante haces para lo que te pagan. 

INTELECTUALIZACIÓN. Ante una emoción que no se puede controlar, se toma una actitud fría y analítica. Por ejemplo, una persona que trata de explicar lo que siente por la pareja que acaba de dejar desde terminos objetivos.

FORMACIÓN REACTIVA. Ante un impulso que no queremos desvelar, mostramos la actitud opuesta. Por ejemplo, cuando un trabajador tiene que pasar muchas horas con un compañero nuevo que le retrasa en su rutina pero aún así, se muestra complaciente hacia él. 

 

REGRESIÓN. Ante la ansiedad la persona utiliza estrategias de afrontamiento infantiles y vuelve a conductas que en su momento le hicieron sentir seguro.  Una persona con fijación oral, fumará, beberá, se morderá las uñas o se andará en el pelo, por ejemplo. Una persona con fijación anal, se volverá más obstinado y compulsivo. 

DESPLAZAMIENTO. Se cambia convenientemente el objetivo del impulso porque el real es peligroso. Por ejemplo, un trabajador que suelta su enfado en casa con su pareja con cualquier excusa en vez de en la oficina, que es donde en realidad se generó.

SUBLIMACIÓN. Se trasforma un impulso potencialmente peligroso en un comportamiento socialmente maduro y aceptable. Por ejemplo, una persona con impulsos agresivos podría entrenar a boxeo, donde existe un acuerdo entre participantes y unas normas. 

 

 

 

SINTOMATOLOGÍA: PASO POR PASO

 

Lo primero que hay que plantease es el estado general. Pensando en la actualidad, si te has sentido cansado y sin fuerzas, si has descansado por las noches, si estás nervioso durante el día y con tensión y eso ha influido en estar de mal humor, incluso si tienes dolores de cabeza, si consigues hacer las cosas del día a día bien y crees que puedes con ello, si tienes confianza en tus decisiones, y si disfrutas de lo que haces o sin embargo has pensado en que la vida no merece la pena.

 

 

Existen personas que le dan más importancia al mundo emocional y otras que no. Sin embargo, cuando aparecen problemas o incluso síntomas, es común que aparezcan también dificultades con el manejo emocional.  La primera de esas dificultades tiene que ver con identificar cómo te sientes. Por ejemplo, tienes confusión sobre cómo te sientes, no comprendes sensaciones físicas, no sabes qué sientes con los demás, no comprendes qué ocurre dentro de tí o estás enfado y no sabes por qué. La segunda dificultad tiene que ver con la expresión emocional. A menos que alguien te ayude, no puedes expresar lo que sientes, te cuesta encontrar las palabras y te embotas, la gente te pide que te expliques más no sabes contestar, te encierras en tí mismo y te cuesta compartir, incluso rehúyes conectar con el malestar y tiendes a hacer cualquier cosa que te evada, prefieres hablar de cosas banales que de sentimientos, y prefieres dejar pasar las cosas antes que analizarlas. 

 

Uno de las desencadenantes de la ansiedad es el estrés. En el área personal, se consideran estresantes las enfermedades y traumatismos, problemas relacionarles con familiares, amigos o vecinos, alguna muerte, problemas de alcohol o drogas, o cambios importantes, como casarse o empezar o acabar unos estudios. En el área laboral o económico, se considera estresante tener problemas con un jefe, cambios dentro del trabajo o un ascenso, estar en paro, jubilarse o cambios de domicilio o compra de vivienda. En el área familiar si hay problemas relacionarles con algún miembro de la familia nuclear o política, si ha muerto alguien, si hay algún pariente que ha ido a vivir al domicilio familiar, si se ha independizado alguien o ha vuelto, si hay alguien enfermo o con algún problema importante, o cambios como un divorcio o separación, una reconciliación, o un embarazo. 

 

Es importante tener en cuenta cuando hay estrés el grado de apoyo social con el que se cuenta. Con cuántas personas se puede contar, ya sean familiares, parejas, amistades, o profesionales, o si se cuenta con espacios donde desconectar o si se hace deporte. Además de la cantidad de recursos, también es importante la calidad, es decir, si la relación es buena. 

 

 Sobre la ansiedad, plantéate si:

- estás más nervioso de lo normal, estás a menudo inquieto, te enfadas sin razón aparente y estás de mal humor, orinas con mucha frecuencia;

- si sientes miedo si razón aparente, crees que todo va mal y algo malo te va a ocurrir, a veces respiras con dificultad;

- los brazos y las piernas te tiemblan, tienes dolores de cabeza, cuello o espalda, sientes que tu corazón late con rapidez, tienes dolores de estómago o indigestiones, duermes mal y no descansas e incluso tienes pesadillas.

- te sientes débil y te cansas con facilidad, te ruborizas con facilidad, tienes mareos en ocasiones y a veces sientes que te mareas, tienes hormigueos en las manos y en los pies y tus manos están húmedas.

 

Sobre la depresión, plantéate si:

- la tristeza que sientes está todo el tiempo presente y te hace sufrir; antes podías llorar, pero ahora ya no;

- sientes desánimo al pensar en el futuro y crees que te va a ir mal; tienes tanta inseguridad que si no es con ayuda, no tomas decisiones;

- sientes que has fracasado en la mayoría de los ámbitos; estás insatisfecho contigo mismo y a veces, te odias; tu aspecto ha cambiado y repugna;

- te cuesta divertirte, puede que a veces sientas que nada te llena y estás harto de todo; tienes que hacer mucho esfuerzo para trabajar o hacer cualquier cosa; sientes mucha fatiga para todo;

- sientes culpa por muchas cosas, incluso que eres mala persona y peor que los demás; a veces piensas que mereces ser castigado;

- sientes que tú y los demás estarían mejor si no estuvieras; hay veces que piensas en quitarte la vida y lo planeas;

- te sientes irritado más que antes, llevas tanto tiempo así que ya ni te molestas;

 - has perdido el interés por los demás;

- estás muy preocupado por tu salud todo el tiempo; has perdido el interés por el sexo; has perdido el apetito y comes por obligación; estás perdiendo mucho peso (más de 5 Kg); tienes dificultades con el sueño porque tardas en dormirte, te despiertas pronto, o duermes menos de 4 horas seguidas. 

 

La ansiedad y sus síntomas se pueden acabar organizando en distintos tipos de trastornos: 

  • TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA. La preocupación y alerta están presentes gran parte del tiempo sin existir situaciones potencialmente estresantes, son difíciles de controlar e interfieren en el funcionamiento diario. 

  • TRASTORNO DE PÁNICO. La sintomatología se dispara en intensidad en un momento dado y de forma inesperada, puede durar entre 10' y 1/2 hora, con falta de aire y sensación de que se va morir; esos ataques hacen que la persona se vuelva evitativa de ciertas situaciones y se preocupe por su estado médico. 

  • TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO. Los pensamientos ansiosos se vuelven intrusivos y obsesivos, y la persona se ve obligada a realizar acciones compulsivas o incluso rituales para bajar el malestar.

  • TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO. La sintomatología aparece cuando una persona que ha vivido una situación traumática y su estrés psicológico revive lo ocurrido. Se activan conductas de evitación de su recuerdo. 

  • FOBIA SOCIAL. Existe un miedo irracional a situaciones de interacción social y toda la sintomatología surge en el momento que hay que enfrentarla.

  • AGORAFOBIA. La angustia surge en lugares en los que la persona se siente indefensa y donde la crisis de ansiedad le hace sentir que pierde el control. El lugar más seguro puede llegar a ser sólo su casa. 

  • FOBIA ESPECÍFICA. Existe un miedo irracional a una situación, un objeto, un lugar o una animal. No todas las fobias son incapacitante, y se puede evitar enfrentarlas. 

 

 

TRATAMIENTOS

 

Localizar el factor o los factores que están influyendo en la ansiedad ayudará a enfrentarla mejor y solventarla. Es importante conocer los factores que la originaron, pero también los que la mantienen. Una vez que los síntomas se han generado, se retroalimentan solos, por lo que también hace falta tratarlos. 

 

Existen bastantes tratamientos, y su elección dependerá de un buen diagnóstico, pero también de una elección personal. Por un lado, la ansiedad tiene distintos grados hasta llegar a los trastornos de ansiedad, incluso puede cursar con depresión. Puede ser un rasgo de personalidad. Puede haber una causa localizable que la esté generando y haya que resolverla. Puede ocurrir que ya se solventó pero los síntomas continúan. Por otro lado, existen personas que tienen reticencias a ciertos tratamientos.

 

El tratamiento farmacológico que se suele utilizar es de ansiolíticos y antidepresivos. Es especialmente recomendable para casos como ataques de pánico, donde la sintomatología es alta. Es un tratamiento que normalmente va acompañado de una psicoterapia.

 

Existen diversos tipos de psicoterapias. Coinciden todas en ayudar a la persona a enfrentar aquello que teme y está evadiendo. En Las Terapias Cognitivo Conductuales, se trabajan técnicas de relajación para disminuir la activación fisiológica, y exponerse de forma controlada al estímulo que se está evitando, mediante técnicas de exposición o de forma gradual con la desensibilización sistemática. También utiliza técnicas para modificar patrones de pensamiento y creencias disfuncionales. Técnicas de terapia breve MRI sobre la formación de problemas por el modo erróneo de enfrentar las dificultades resultan muy útiles también. La Terapia de Familia Sistémica utiliza estrategias para reducir el nivel de ansiedad generado por tipos de comunicación o relaciones, y genera apoyo social y alivio del estrés. La Terapia Mindfulness propone modos de gestión de emociones, reacciones, actitudes y pensamientos a través de la atención plena y la actitud de compasión hacia uno mismo. 

 

Otras opciones de psicoterapias son más a largo plazo y en general no tratan específicamente la ansiedad, sino al individuo en su conjunto. La Terapia Psicodinámica centra su interés en conocer el origen del síntoma, obtener un insight sobre los motivos y conflictos inconscientes. La Terapia Humanista lleva a la persona a entrar en un proceso de toma de consciencia de la experiencia y reestructurar su yo. La Terapia Gestalt utiliza técnicas experienciales para mejorar la autoconciencia emocional y corporal que llevan a soluciones nuevas. 

 

 

Sobre las CAM o medicina complementaria y alternativa, se utilizan según diversos criterios. La homeopatía suele ser elegida en atención primaria cuando la ansiedad es transitoria o leve, como complemento al tratamiento habitual o cuando existe un riesgo en los efectos secundarios en situaciones concretas. Remedios naturales para la ansiedad son la manzanilla, el té verde, valeriana, la pastaflora, o el lúpulo y la lavanda de la Aromaterapia. Se recomienda muy a menudo la práctica del yoga, que combina posturas físicas que conectan mente y cuerpo, aprendizaje de tipos de respiración y una atención en el momento presente, incluso con técnicas de meditación, que consiguen centrar la atención. El yoga tiene muchas variantes que permiten encajar en el modo de vida y energía de cada persona, desde versiones más tranquilas y meditativas hasta otras más dinámicas. 

 

 

                             

 

 

 

 

 

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