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HABLAR DE TEMAS DIFICILES CON NIÑOS

October 4, 2017

Charla ampliada realizada en el colegio Oleta de Altza en Donostia para la asociación de padres Harriolea Guraso Elkartea el 12 de abril de 2016.

 

 

 

CONTENIDO:  Introducción

Variables a tener en cuenta en el niño

Temas difíciles y cómo abordar la conversación

Ejemplos de temas difíciles

Bibliografía

 

INTRODUCCIÓN

 

Generar las bases. La relación privilegiada de vinculación dentro de la familia. Respeto, confianza.

Habilidades de comunicación. Escucha activa y empatía. Congruencia.

Bloqueo de la comunicación. Criticismo, hostilidad y sobmeimplicación emocional.

 

Generar las bases.

 

A lo largo de la infancia, los padres son los mediadores entre el niño y el mundo, inicialmente un niño pequeño no ha desarrollado aun su capacidad de discernir con criterio propio, sobre cuestiones morales y sus juicios están en formación, de manera que necesitan asistencia en este camino.

Dentro de la familia existe una relación privilegiada de vinculación y, por otro lado, hasta que los hijos sean adultos, necesitan la mediación con la realidad que les proporcionan sus padres. Es importante mantener una comunicación abierta y fluida en el ámbito de la familia, ello contribuye al desarrollo saludable de todos sus miembros y los vínculos.

 

En ocasiones, cuando surgen temas que son difíciles de abordar, muchos padres advierten en ese mismo momento que no han construido dialogo y comunicación con sus hijos y con su pareja, con lo cual, a lo largo del tiempo se ha generado una distancia, un vacío, y no saben cómo encarar una charla, no tienen un lenguaje construido en común, no tienen fluidez, se traban los pensamientos y las palabras, balbucean, se ponen nerviosos, se sienten invalidados, incluso en ocasiones, muestran conductas de evitación y hasta son irritables ante la incomodidad.

 

Es muy importante, cuando estas temáticas se presentan, haber generado las bases para poder hablar fluida y abiertamente. Es como preparar la tierra antes de sembrar: para que el suelo sea fértil, hay que ararlo, abonarlo, fertilizarlo, dedicarle tiempo y compromiso. Cuando nos mostramos dispuestos, sinceros, abiertos, comprensivos y amorosos, generamos un suelo fértil para que la comunicación fluya y una charla difícil sea un poco más fácil.

 

Algunas claves. Cuando hay que encarar una conversación que a los padres les resulta difícil, a veces la inseguridad hace queden informaciones vagas, bromas o ironías, que muchas veces los hijos no entienden, aumentando su confusión e incrementando su curiosidad. Se sincero y conservar así su confianza. 

Si los hijos nos hablan sobre algo,es importante respetar su privacidad y no contarlo a un tercero; la confianza ha de mantenerse, es la vía a enterarnos de las cosas antes de que ocurran.

Es útil tirar de memoria: recordar nuestra propia experiencia como hijos, ¿que nos preguntábamos? ¿Nos animábamos a hablarlo? ¿Cómo respondían nuestros padres? ¿Qué nos sirvió? ¿Qué no nos sirvió?

 

Algunos mitos

 

 Algunos padres tienen la creencia de que hablar abiertamente determinados temas con los hijos, como sexualidad, drogas o alcohol estimula de manera encubierta a los niños a explorar e incurrir en los mismos.

Esto no solo es un mito, sino que el hablar funciona como un modo saludable de prevención y esconder esos temas puede llegar a constituir una negligencia que podría acarear consecuencias.

Ante ello, es importante preguntar, ¿qué es lo que saben? ¿Qué han hablado con sus amigos? ¿Qué han encontrado en internet o hablado en la escuela? Esto nos permite situarnos y asegurarnos de que nuestros hijos tengan la información acertada, y nos da una línea base desde donde partir.

 

Otro mito reside en que si los padres no son expertos en un tema, sería mejor no hablar de el, y delegarlo en un tercero, como por ejemplo, la escuela. Si bien la escuela tiene un rol importante en la educación, el rol paterno es irreemplazable en la transmisión de valores culturales y morales de la familia.

Charlar frecuentemente sobre temas diversos, desde los más triviales hasta los más complejos ayuda a impulsar la comunicación abierta. En ocasiones es difícil para los hijos hablar, porque piensan que van a ser regañados, y como consecuencia se vuelven escurridizos. O en ocasiones, observan a sus padres evitando ciertos temas y construyen la creencia de que hay determinadas cosas de las que no hay que hablar. Es tarea de los adultos ayudarlos a sentirse cómodos y trabajando internamente con la propia incomodidad. Es difícil enseñar a otros lo que no hemos aprendido. Cuando uno mismo logra atravesar ese miedo interno a hablar, puede ayudar y acompañar al otro a que también lo haga.

 

 

 

VARIABLES A TENER EN CUENTA EN EL NIÑO

 

 

 

Momento evolutivo del niño. En cada edad hay una manera de ver el mundo que condiciona la información que puede asimilar y su capacidad de afrontamiento.

Su manejo emocional. Identificación, comunicación y gestión.

Muestras de angustia y ansiedad.

Mecanismos de defensa psíquicos.

 

VARIABLE A TENER EN CUENTA: MOMENTO DEL DESARROLLO INFANTIL 

 

ETAPA SENSORIOMOTORA (0-2 años)

Empieza a hacer uso de la imitación, la memoria y el pensamiento.

Empieza a reconocer que los objetos no dejan de existir cuando son ocultados.

Pasa de las acciones reflejas a la actividad dirigida a metas.

Su percepción del mundo: a través de los ojos y emociones de sus padres, son de rutinas. 

ETAPA PREOPERACIONAL (2-7 años)

Desarrolla gradualmente el uso del lenguaje y la capacidad para pensar en forma simbólica.

Es capaz de pensar lógicamente en operaciones unidireccionales.

Le resulta difícil considerar el punto de vista de otra persona.

Su percepción del mundo: Concreto y presente, egocéntrico, comprensión literal de lo que se le dice.

OPERACIONES CONCRETAS (7-11 años)

Es capaz de resolver problemas concretos de manera lógica (activa).

Entiende las leyes de la conservación y es capaz de clasificar y establecer series.

Entiende la irreversibilidad.

Su percepción del mundo: Las cosas tienen una explicación y un por qué, y eso les da control.

OPERACIONES FORMALES (Preadolescencia-adolescencia)

Es capaz de resolver problemas abstractos de manera lógica.

Su pensamiento se hace más científico (hace hipótesis y despliega opciones).

Desarrollo interés por los temas sociales, identidad.

Su visión del mundo: Necesitan tomar parte activa, dar su opinión y ser tenidos en cuenta. 

 

VARIABLE A TENER EN CUENTA: EL MANEJO EMOCIONAL EN EL NIÑO

 

Emoción, pensamiento y acción son los tres pilares que hilan cada instante de nuestro ser, de ahí la importancia de ahondar en ese tipo de conocimiento para afrontar determinadas situaciones. Y como ya vengo proponiendo, no hay que esperar a que se de una situación difícil para darle su importancia, sino que ya desde la educación que vamos dando, incorporemos la variable emocional. En una comunicación adulto y niño, tenemos que tener en cuenta que hay una disparidad de manejo emocional, y a veces solemos dar por hecho que sienten y se manejan igual que nosotros, y cuando no nos sentimos entendidos, nos lo tomamos erróneamente de modo personal. Y acabamos castigando o imponiéndonos “y punto”.

 

El control de la ira.

Hasta los 18 meses los niños necesitan básicamente el afecto y el cuidado de sus padres, todo ello les aporta la seguridad suficiente para adaptarse en su medio, para explorar y dominar sus miedos. Pero hemos de tener en cuenta que a partir de los 6 meses van a empezar a desarrollar la rabia, de ahí la importancia de saber canalizar sus reacciones y corregirles cualquier mala acción.

Hay bebés que pueden golpear a sus padres o hermanos, gritar enfurecidos cuando no se les ofrece algo, acciones que a los progenitores les puede hacer gracia, pero recordemos que es importante establecer límites desde que nacen, y sobre todo, el hecho de hablar a los niños continuamente y en cada momento, los niños entienden mucho más de lo que expresan, de ahí la necesidad de razonarles y de controlar esas rabietas o ataques de rabia.

 

Reconocer emociones básicas.

A partir de los dos años es una edad perfecta para iniciar a los niños en el campo del reconocimiento de emociones, es entonces cuando ellos empiezan a interactuar con los adultos y otros niños de modo más abierto, así pues podemos realizar varios ejercicios con ellos, como puede ser introducirlos en las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia. ¿Cómo? En el juego diario o con cualquier excusa. Mediante fotografías de rostros, mediante dibujos, preguntándoles cuestiones como:"Qué le pasa a este niño?" "¿Está triste?" "¿Por qué crees tú que está triste?"Es un modo perfecto para que aprendan a reconocer no sólo sus emociones poco a poco, sino también las de los demás, y sobre todo, su empatía.

 

Saber nombrar emociones.

A partir de los 5 años sería perfecto que los niños supieran ya dar nombre a las emociones, por lo que podríamos añadirlo a las conversaciones habituales: “estoy enfadado porque no me has llevado al parque”, “estoy contento porque mañana nos vamos de excursión”, “tengo miedo de que cierres la luz porque me dejas solo.”

 

Afrontamiento emocional desde ejemplos concretos.

Es habitual que los niños en ocasiones se vean superados por las emociones, y tengan rabietas que les hacen gritar o golpear cosas. Es necesario que nosotros no reforcemos esas situaciones, una vez haya terminado la rabieta podemos enseñarles por ejemplo que antes de gritar o pegar, es mejor expresar en voz alta qué les molesta. Que aprendan a expresar sus sentimientos desde bien pequeños.

 

Desarrollar la empatía, la comunicación y la escucha activa. 

Enseñanza de ponerse en el lugar de los demás, que hablen de sus emociones y aprendan a quedarse en silencio mientras habla el otro. 

 

Emociones secundarias.

A partir de los 10 o 11 años van a surgir en sus vidas emociones secundarias que van a cobrar más peso en sus vidas, tales como el amor, la vergüenza, la ansiedad… Siempre es adecuado que una buena comunicación con ellos nos permita hablar de estos temas abiertamente, deben sentirse seguros ante esas nuevas emociones que asaltan su día a día, habrá situaciones que por ejemplo les causen mucha ansiedad, como es por ejemplo un examen, realidades que van a ser constantes en sus vidas y que deben aprender a gestionar.

 

VARIABLE A TENER EN CUENTA: MUESTRAS DE SUFRIMIENTO EN EL NIÑO

 

Los mecanismos de defensa psicológicos.

A lo largo de la vida hay situaciones que pueden provocar dolor, frustración o ansiedad. No todas las personas las viven de la misma forma, algunas son capaces de afrontar dichas situaciones racionalmente con serenidad y madurez y además conseguir enriquecerse con ellas, pero generalmente se utilizan de manera inconsciente mecanismos cuya función es protegernos de esos sentimientos y aumentar la sensación de seguridad o efectividad. 

 

Un mismo hecho puede provocar reacciones bien distintas en cada uno. En función de las características innatas de cada individuo, su instinto o su historia personal y familiar hará que cada persona reaccione de una forma y estructure sus recuerdos de forma que le permita seguir funcionando con normalidad a pesar de enfrentarse a hechos estresantes. Los mecanismos de defensa son una forma de alejarse inconscientemente de una situación desagradable para luego poder regresar al mundo con una sensación de anestesia que disminuye su sufrimiento. Esto explicaría como hay personas que a pesar de nacer y vivir una niñez en situaciones adversas, pueden desarrollarse psicológicamente sanas e incluso salir reforzadas.

 

Un mecanismo de defensa no es un absoluto, en cada persona tiene un significado y está condicionado por la situación y su edad. Como ya hemos dicho, es un comportamiento inconsciente con el cual niños y adultos consiguen vencer, evitar, desviar, descargar, rodear, escapar, ignorar angustias, frustraciones y amenazas por medio del destierro de los estímulos cognitivos que las producen.

 

Mecanismos de defensa en la infancia.

Los mecanismos utilizados más habitualmente por los niños son la negación y la proyección. 

La negación es una forma de llamar la atención. Decir no a todo lo que se le propone al pequeño le permite reafirmarse y enfrentarse al mundo. La crisis de oposición que pasan los niños alrededor de los tres años es el ejemplo más característico. 

La proyección se da cuando se le atribuyen a otras personas cualidades o sentimientos propios. 

También utilizan la identificación con personajes favoritos con características fantásticas o deseables, la regresión a etapas anteriores ante acontecimientos frustrantes, como volver a hacerse pis o chuparse el dedo al sentirse relegado por el nacimiento de un hermanito, o el aislamiento, para huir de las situaciones de tensión. 

Asimismo determinados bloqueos, tartamudeos, tics, explosiones de ira o sentimientos de desasosiego pueden ser indicativos de que está obrando un mecanismo de defensa.

 

 

 

TEMAS DIFÍCILES

 

 

 

 

 

TIPOS DE TEMAS

 

Propios de su maduración. Entender el entorno y la naturaleza.

Socialización. Integración en el grupo, drogas, alcohol.

Ciclo vital. Muertes, enfermedades, separaciones, traslados, paro de un progenitor.

Situaciones concretas. Agresividad, atracción hacia personas del mismo sexo, trastornos psicológicos, suicidio.

 

ABORDANDO LA CONVERSACIÓN

 

Antes de ponernos a conversar con nuestro hijo, conviene plantearse algunas cuestiones, para que en un momento dado no nos quedemos fuera de juego y nuestra voz interna grite asustada "¡abortar, abortar misión!". 

Es fácil pensar en que hace falta un lugar adecuado y tener tiempo. Pero a algunos padres les cuesta elegir el momento en el que su hijo está receptivo; la mayoría de los niños tienen su momento comunicativo al salir del colegio o a la hora de la merienda, mientras que los más mayores prefieren los momentos lúdicos o que se les pida un momento para hablar. Y otra dificultad está en que con la ansiedad adulta de ejecución, cueste primero explorar primero qué información hace falta y después, dar tiempo a asimilar y aclarar. 

Según la edad del niño, el medio de tener la conversación se puede facilitar. Existen libros que abordan los temas más normales, así como ejemplos en cuentos o películas que pueden facilitar una metáfora útil. Para padres más habilidosos, está la opción del juego; podrían aprovechar que tienen ese espacio privilegiado con ellos para jugar a el tema que quieren conversar. A los niños les encantan los dibujos, por lo que también podrían dibujar el tema, y que el niño lo dibuje también y exprese su idea de lo que es y cómo se sienten los que están en el dibujo.

Mientras esta ocurriendo la conversación, el adulto se tiene que ir adaptando a las reacciones del niño, el feedback, si se emociona, si lo expresa de manera directa o a través de un mecanismo de defensa, su conducta y siempre, estar abierto a volver a hablar. No suele ser la información concreta a la que le dan vueltas, si no lo emocional que se les mueve, y mantener con su figura de apego otra vez la conversación, les calma.

Normalmente se suele dar poca importancia a dar la información sobre las consecuencias de ese tema en el niño. Ellos necesitan estructura, es decir, saber cómo les influye en su día a día en algunos casos, o ciertas normas en otros. Si se tratara de una muerte, todo lo que se va a mover alrededor de ellos, pero si se trata de información sobre drogas, normas. 

 

Cómo dar la información:

  • Buscar el lugar y momento adecuados.

  • Tiene que haber tiempo.

  • Preguntar sobre qué sabe del tema.

  • Dar la información que necesita y puede comprender, según su edad.

  • Responder a sus preguntas.

El medio de la comunicación:

  • Niños casa 4 años: utilizar libros, fotos, objetos; y el juego.

  • Niños hasta 7 años: cuentos y juegos simbólicos.

  • Niños hasta 12 años: Historias y experiencias de otros; películas.

  • Adolescentes: conversación realista.

El feedback:

  • Emociones

  • Reacción

  • Estar abierto a volver a hablar

  • Conducta posterior

Consecuencias:

  • Cómo va a influir en lo concreto.

  • Rituales.

  • Respeto a sus rutinas.

  • Protección.

 

EJEMPLOS DE TEMAS DIFÍCILES

 

 

 

 

HABLAR SOBRE LA ENFERMEDAD

 

Unas pinceladas de las características del desarrollo y las habilidades del niño y de la niña en sus diferentes edades y que estrategias podemos usar para hablarles. Dentro de la explicación de una enfermedad.

 

NIÑOS Y NIÑAS DE 2-3 AÑOS. Técnicas de comunicación a utilizar: usar palabras simples, libros con ilustraciones, elaborar libros simples con fotos familiares y objetos que le ayuden a entender qué es un hospital, un médico o médica, una cama, descanso… También es útil ofrecer muñecos para que se recree con ellos lo que está sucediendo en casa con la persona enferma o en el consultorio del profesional de la medicina.

 

NIÑOS  Y NIÑAS DE 4-5 AÑOS. Técnicas de comunicación a utilizar: elegir libros con historias que reflejen a familias como la suya para ayudar a que se relacione con la enfermedad; familiarizarles con ilustraciones de objetos y conceptos relacionados con la atención médica, la salud y la enfermedad que sufra su padre o madre; incorporar en el juego algún “estuche de medicina” para que el niño simbolice lo que está sucediendo.

 

NIÑOS  Y NIÑAS DE 6-7 AÑOS. Ya es capaz de seguir reglas, disfruta si se le dan responsabilidades y su madre y su padre son su principal fuente de autoestima.Empieza a conocer la diferencia entre hechos y ficción, entiende la verdad en contraposición de la mentira. Técnicas de comunicación a utilizar: es muy útil usar una comunicación interactiva en la que le leas libros y crees nuevas historias con su colaboración. Incluso se podría crear su propio álbum de la familia y hablarle sobre las fotografías y los recuerdos.

 

NIÑOS  Y NIÑAS DE 8-11 AÑOS. Entiende mejor la lógica de las cosas y las relaciones causa-efecto, está menos centrado en si mismo/a y es capaz de entender mejor los sentimientos de los y de las  demás. Es capaz de utilizar metáforas y el humor. Necesita tener una información más detallada sobre la enfermedad y el tratamiento, suele evitar las emociones fuertes. Técnicas de comunicación a utilizar: escucha sus ideas y opiniones. Ya puedes hablar sobre todo el proceso de la enfermedad y lo que se puede esperar según el pronóstico.

 

NIÑOS  Y NIÑAS DE 12-17 AÑOS. La comunicación verbal ha madurado aunque pueden actuar con retraimiento, sin emociones y como si nada importase. Pueden dar la impresión de  comportarse con agresividad, mostrarse en silencio, temperamentales y con energía. Técnicas de comunicación a utilizar: realiza preguntas abiertas para que responda con algo más que sí o no. No bajes la guardia estando pendiente de si emite conductas arriesgadas, ocurrencias fuera de lo común o un retraimiento que no vaya con su forma de ser. En caso de presentarse comportamientos fuera de lo normal lo mejor será buscar ayuda profesional.

 

 

HABLAR SOBRE LA SEPARACION

 

Es probable que los niños en edad preescolar no hayan escuchado antes las palabras “divorcio” o “separación”, y muchos no tendrán ni idea de lo que significan, pero en general, suelen conocer algún compañero de colegio o familiar que ha pasado por la experiencia.

 

Los niños de 2 años o menos seguramente no se darán cuenta de que su vida es diferente, siempre y cuando ambos padres sigan formando parte de su vida. Sin embargo, un niño que sea algo mayor puede sentir ansiedad y preguntarse cómo van a cambiar las cosas, sobre todo respecto a dónde va a vivir, dónde va a dormir y si va a continuar viendo a ambos padres. A los niños no les gusta el cambio ni la pérdida porque les atemoriza. Puede ocurrir que durante el proceso de separación o posteriormente, muestren señales de inseguridad o regresión, que tengan pesadillas, que mojen la cama, o requieran mucha atención por parte de sus padres y de otras personas. Pero a la vez, tienen una gran capacidad de adaptación; si el mensaje ha sido claro, y es congruente con lo que hacen sus padres, si aunque su estructura diaria con ellos haya cambiado, perciben que siguen siendo cuidados y queridos, ese estrés remitirá. 

 

Cómo dar la noticia. Antes de tomar una decisión así, las parejas llevan dándole vueltas a la idea un tiempo; es probable que la gente cercana lo haya percibido, y los hijos también, pero hasta que no sea una decisión en firme, es mejor para ellos no entrar en ese mar de dudas previas. Una vez siendo una decisión en firme, la conversación con ellos tendría que ser con un margen pequeño a que se den los cambios, porque si pasa mucho tiempo desde que se les da la noticia hasta que ocurre, les genera ansiedad. Una semana es una eternidad para un niño. Es conveniente que la noticia la den los dos padres juntos, evitando así confusiones y dudas, y fortaleciendo la confianza del niño en ellos. 

 

La conversación debería ceñirse a cosas concretas y sencillas, sin entrar en acusaciones o detalles que no le atañen y que en ese momento no le interesan, porque para él lo importante es que las cosas van a cambiar. Aunque los padres intenten no meterle en el proceso, en ocasiones, más adelante, se enterarán de muchas cosas, incluso habrá que aclararlas, pero no es el momento. 

 

Es probable que haya presenciado muchas discusiones. En ocasiones, el ambiente le ha generado ansiedad y ha tenido conductas por las cuales ha sido castigado. En otras, los padres estaban distraídos con su dificultad, y no han estado cuando los ha necesitado. Sea como fuere, pueden tener la fantasía de que ellos son los culpables de la ruptura, bien por portase mal, bien por existir. Por eso, es importante que en la conversación, se reconozcan esas peleas y se les diga que la ruptura no tiene que ver con ellos, sino que es cosa de los padres y que están intentado hacer lo mejor para la familia.

 

Con el tiempo, suelen plantear preguntas, a las cuales hay que atender con claridad y entendiendo que es un proceso al que se irán adaptando poco a poco. Es cierto que cuando las plantean, los padres se entristecen, sobre todo porque ellos están en el mismo carro. Pero la manera de vivirlo, es diferente, y es importante que se den cuenta para adaptarse a sus necesidades. Suelen preguntar el por qué, y es mejor no dar explicaciones que hasta que sean mayores no entiendan; lo que necesitan es saber que están seguros de la decisión. Pueden preguntar a uno de los padres cuándo volverá el otro, pero la dificultad está en la adaptación a un cambio permanente, por lo que se tendrá que repetir muchas veces el mensaje: no volverán a vivir juntos, pero siempre los tendrá a los dos y cuidarán de él. También puede expresar que extraña al padre que no está, y necesita una contención más emocional, del estilo: él también te extraña seguro y es normal, pronto le verás. Incluso puede sentirse responsable y preguntarse quién va a cuidar de él, y se le podría decir que seguro está bien y que no tiene que preocuparse. Suelen plantear dudas también sobre la estructura nueva, que con el tiempo controlarán mejor incluso que sus padres, y no les gustará que se la rompan. 

 

 

 

HABLAR SOBRE DISCAPACIDADES

 

Los preescolares de dos y tres años pueden no darse cuenta de que alguien tiene una discapacidad, a menos que sea muy obvia o que alguien se la señale. En esos casos suelen hacer comentarios indiscretos o quedarse mirando. A la edad de cuatro años, los niños se dan cuenta si alguien no camina o come como el resto de las personas, y a menudo hacen preguntas directas. También pueden tener temor a que esa discapacidad le suceda. 

 

Es mejor hablar sobre este tema cuando por primera vez el niño note que alguien tiene una discapacidad, aprovechando la oportunidad para mantener una conversación acerca de las diferencias. Se le podría explicar que las personas somos diferentes de muchas maneras, como en el color del cabello y de la piel, y poner algún ejemplo, como que el hombre que va en el autobús es diferente porque no ve, así que usa un bastón blanco para ayudarse. El objetivo es promover una actitud de aceptación e inclusión. Con los niños de corta edad, no hay que dar explicaciones largas y complejas. Si un niño pregunta por qué el hombre del supermercado va en silla de ruedas, se le podría explicar que tiene un problema en las piernas. Es mejor que la respuesta sea sencilla y si no se conoce, díselo. 

 


Las palabras que usemos son importantes para no crear estereotipos. Evitar usar términos del tipo "retrasado" es evidente, pero se puede caer en el error de hablar de "niños autistas" en vez de niños que tienen autismo o, hilando más, referirnos al resto de los niños como "niños normales", implicando con esto que ellos son anormales. Tras señalar las diferencias que el niño ha visto y que le han llamado la atención para normalizarlas, lo siguiente es señalar las igualdades, para que haga una integración. Un niño puede tener una discapacidad física o mental, pero sigue siendo un niño. Señala lo que un amigo o vecino con una discapacidad tiene en común con tu hijo, como por ejemplo la misma edad, la misma altura o incluso un mismo color favorito. 

 

Los niños tienden a mirar aquello que les llama la atención y no hay que reprimirlo, porque aprenderán que no es bueno o normal. Pero también hay que enseñar a mirar con respeto. No deben burlarse de las dificultades de otras personas, y hay que señalar lo que esos comentarios duelen y que por tenerlas no son menos personas. 

 

Las preguntas que suelen plantear son fruto de la falta de conocimiento y es importante dar esa información. Suelen preguntar si una discapacidad es contagiosa, o si les puede pasar a ellos. Es importante diferenciar las discapacidades por nacimiento de las que vienen por enfermedades o lesiones, y lo que pueden hacer para prevenirlas si es posible. También dudan de la procedencia de una discapacidad, com el habla o que no puedan caminar. En ocasiones, la discapacidad influye en la relación y los niños dudan si no gustan o directamente la rechazan, y es importante estar atentos para que la comprendan y en la medida de lo posible, activemos en ellos la actitud de ayuda, que es la que definirá el tipo de relación que no encontraban. 

 

 

HABLAR SOBRE SEXO

 

Ya desde muy pequeños los niños se identifican con las personas de su propio sexo, se ven como niños o como niñas y no  les gusta que los confundan. Y notan las diferencias en sus cuerpos, y lo señalan y sienten curiosidad. Cuando preguntan por estas diferencias, muchos padres se sonrojan. Y cuando los niños exploran su cuerpo, los adultos tienden a cortar la conducta y evitar el tema. También se preguntan sobre de dónde vienen, sobre todo si se espera la llegada de un bebé en su entorno. Pretender que un niño, sobre todo si es muy pequeño, entienda el sexo como lo entienden los adultos no da lugar, pero sí que lo pueden hacer a su modo. Y muchos padres eluden el tema pensando que así protegen su infancia. Es nuestra actitud en muchos casos la que da la diferencia. Por ejemplo, si una mujer se queja todos los meses del dolor de la regla y maldice su suerte, incluyendo el miedo y el dolor a un parto, trasmite esa emoción de rechazo a ser mujer adulta; si consigue conciliarse con la naturaleza, lo verá como parte de un proceso, cuyos síntomas pueden manejarse. Las niñas juegan a menudo a ser madres o a estar embarazadas, se ponen la ropa de sus madres, incluso se meten calcetines para mirarse como mujeres adultas con pechos. O por ejemplo, cuando un niño tiene erecciones y sus padres cortan su curiosidad, pueden hacer que piense que es algo que no se tiene que dar y por lo que sentir vergüenza, cuando la actitud más adaptativa es ayudarle a acostumbrarse y enseñarle a manejarse con ello. 

 

Lo primero que hay que considerar entonces, es nuestra actitud. Llamar a las cosas con su nombre y no con diminutivos ayuda a no envestirlos con ambiguedad y que no sea un tema vergonzoso del qué hablar. Además, trasmite confianza, porque en este tipo de temas difíciles, es más fácil que nos sorprenda un día el niño con una pregunta a que nosotros veamos que es el momento de hablar de ello, y así evitamos ser los últimos en enterarnos. Puede ocurrir que se evite el tema durante películas, comentarios u otros momentos, y creyendo que no les interesa, en realidad lo hemos convertido en un tema tabú. 

  

Se suele obviar otra variable, que es la de la privacidad, pero que previene un miedo muy usual que tienen los padres, que es la exhibición y el abuso sexual. No podemos protegerlos en todo momento, pero sí enseñarles a protegerse. Los niños suelen preferir la compañía cuando van al baño o a la cama, pero hay espacios que puede comprender que son privados, como su habitación o la de los demás, y que hay que pedir permiso para entrar. Así, puede entender que su cuerpo es privado, y que nadie debe tocarlo excepto quien él de permiso, como por ejemplo sus padres o el médico.

 

 

Sobre la pregunta de dónde vienen los bebés o de dónde vine yo, un ejemplo de respuesta puede ser ésta: "Te formaste dentro de la tripa de mamá y ahí creciste hasta que estuviste listo para nacer". Algunos niños querrán más detalles, y en ese caso podrías decir: "Una semilla de papá y un huevo de mamá se juntaron y de ahí surgiste tú." Se pueden  poner ejemplos de algunos animales mamíferos que le gusten, o recurrir al eterno ejemplo de las flores. Pueden preguntar si los papás pueden tener bebés. También sienten curiosidad por cómo salen los bebés; algunos creen que la mamá vomitará al bebé, o que el papá abrirá el estómago de la mamá para que el hermanito salga corriendo. La respuesta más sencilla podría ser: "Después de mucho tiempo, el bebé estará listo para nacer, porque necesita más comida de la que tiene en la tripa de mamá. Entonces papá llevará a mamá al hospital y los doctores le ayudarán para que nazca. La abuelita te cuidará por dos o tres días y después mamá regresará a casa con el bebé y estaremos todos juntos". Puede preguntar si él puede tener un bebé, y se le puede explicar que sólo los mayores pueden tenerlos y que cuando él crezca, tendrá el suyo. 

 

 La mayoría de los niños pequeños sólo preguntan sobre lo que es el sexo cuando ven o escuchan algo sobre el tema a niños mayores o en la televisión. Se les puede decir que "el sexo es un tipo de abrazo que se dan las personas adultas para demostrarse cuando están solos lo mucho que se quieren" y se les puede explicar que a través del sexo es como se tienen los bebés. Es importante que la parte emocional del sexo entre dentro del mensaje y también la exclusividad entre los adultos. La idea no es que se trate de una prohibición, sino una manera de definirlo como un acto responsable, que es lo que en el futuro les pediremos. 

 

Uno de los grandes miedos de los padres es ser pillados por sus hijos mientras practican sexo. Si así ocurriera, su reacción puede variar entre la preocupación si lo que vio pudo interpretarlo como algo violento, y la curiosidad, por los ruidos e imágenes que pudo presenciar. Si normalmente suele ver a sus padres en actitudes cariñosas, podría ser suficiente ir or la línea de que estaban disfrutando de un rato especial juntos. Lo importante es la reacción de los padres, porque si ellos se asustan, el niño también lo hará.

 

 

HABLAR SOBRE VIOLENCIA

 

Los niños pequeños asumen que lo que ven en la televisión o en una película es real. Alrededor de los 4 años eso cambia, pero no logran comprender que los actos violentos de un dibujo animado podrían tener consecuencias serias en la vida real. Muchos padres tratan de proteger a sus hijos de ver escenas violentas, pero no es una tarea fácil, porque están en todas partes, anuncios, películas, videojuegos, periódicos... Se limitan las horas que un niño está delante de la pantalla de tv, incluso se seleccionan programas y contenidos. Se suele optar por las versiones educativas del entretenimiento infantil.

 

La violencia está rechazada en la sociedad, y recae en la educación una gran carga para su control. Aunque existen profesionales que señalan que es parte del ser humano, también existen otros que confían en que es un animal social por naturaleza y afirman que su primera reacción siempre es la conducta prosocial. En todo caso, los modelos de comportamiento admisibles y los que no están por todas partes, y la conversación sobre ello entre padres e hijos, tarde o temprano surgirá. Películas sobre personajes como los superhéroes, de los cuales luego les compraremos un disfraz, dan por sobre entendido que la violencia es admisible bajo ciertas circunstancias. Igual ocurre con la clase de historia y las mil y un guerras que estudiarán, o explicarles la función de la policía. 

 

Por ello, estar presentes cuando les llega una imagen violenta es importante, para darle una explicación y un sentido. En ocasiones, suelen jugar o repetir escenas que han visto, como cuando lo vieron a un personaje de dibujos animados. Es importante no permitir esos comportamientos poniendo la norma. Incluso si son lo suficientemente mayores, ayudarles a cuestionarse lo que han visto y reflexionar sobre ello. Ayuda pedirles que se pongan en situación y cómo se sentirían. 

 

Muchas veces, la violencia la han visto o han participado en la escuela o en el parque. Tras poner la norma, la conversación podría ser encaminada a buscar otras estrategias para solucionar lo que ocurrió, ya sea el manejo de la frustración, como una situación que vivió como injusta. Si fue otro niño el que comenzó la pelea, pedirle que se aleje la próxima vez o le pida que pare. Lo difícil para el adulto es centrarse en que está educando a su hijo, porque una de las funciones de la violencia es la de poner límites, y en ocasiones dudamos sobre si su conducta estuvo bien si lo que ocurrió es que se defendió. Pero los niños no diferencian esos matices hasta que son adultos, y mañana dudarán sobre lo que tienen que hacer. Mejor inversión es ayudarles a aumentar su inteligencia emocional y capacidad de solucionar problemas. 

 

 

HABLAR SOBRE LA ENFERMEDAD DEL PROPIO NIÑO

 

Lo que todos los padres esperan es que el rol de protección sobre su hijo, hasta que se haga mayor, recaiga sobre ellos, y él se dedique a disfrutar de la inocencia de la infancia. Pero cuando aparece una enfermedad en un niño, parte de esa protección está en su autocuidado, y se vuelve un tema difícil de abordar. El panorama para los padres se mueve entre un complejo laberinto de información médica y hacer frente a niños que pueden tener resistencia, confusión o temor. Tendrán que prepararse para enfrentar preguntas emocionalmente complicadas: "¿Mi enfermedad puede matarme?" o "¿Me va a doler cuando vaya al doctor?" o "¿Qué pasará si no tomo mis medicamentos?".

 

Puesto que los niños reaccionan a nuestras emociones, y según nosotros abordemos el tema, ellos estarán más o menos seguros, lo primero que hay que plantearse antes de tener ninguna conversación es cómo están los padres. Ninguno querría que su hijo estuviese enfermo y surgen muchos miedos sobre su futuro. También, la toma de decisiones médicas les preocupa, porque temen equivocarse. Durante el proceso, se viven momentos fuertes, pero también de debilidad y cansancio. Lo importante al hablar con un niño es no mostrar miedo y angustia, pero a la vez, ser cercanos y trasmitir la importancia que tiene. 

 

El niño es el primer interesado en conocer su situación médica y ocultarles la realidad es evitarla. La información tiene que ser traducida a su edad, y existen libros que lo hacen para ayudar a los padres a explicarla. Tiene que conocer el tratamiento y las consecuencias de su incumplimiento. Y a todas las preguntas que haga, sobre todo si su enfermedad tiene consecuencias de vida o muerte, hay que contestar con esperanza. Pasar por una experiencia de este tipo hace que los niños maduren antes, y tienen a querer cuidar de sus familiares si perciben que lo necesitan; si se percibe algo así, hay que hablar de ello, agradeciéndoselo y buscando un apoyo externo para liberarle. 

 

 

HABLAR SOBRE LA DIABETES DEL NIÑO

 

Diagnósticos como la intolerancia a un alimento común o alergias importantes hacen necesaria no solo una conversación para dar la información, sino que implican una enseñanza en el autocuidado. Quizás, un ejemplo pueda se la diabetes. Las emociones que suelen surgir en los padres cuando se diagnostica a un niño con diabetes suelen ser enfado, tristeza y culpa. Un niño, puede creer que ha hecho algo malo para tenerla, y que si hacen algo bueno, podrán librarse de ella. El niño necesita hablar de su tristeza y enfado por estar enfermo, y el resto de los hermanos, sobre los celos que sentirán por la perdida de atención a favor de él. 

 

La vida del niño va a ser desde ese momento muy controlada, por lo que desde el principio hay que tramitarle que su papel en el manejo de la enfermedad es crucial, y que le van a ayudar. Para que él acepte esta ayuda y no se pelee con ella, tiene que entender su enfermedad, y la relación que existe entre la alimentación y el ejercicio, y cómo afectan a los niveles de azúcar en sangre. El niño no debería percibir que las lecturas de azúcar son un regalo o un castigo para sus padres, por lo que éstos tienen que aprender a controlar sus reacciones en los momentos en los que se hacen. Lo difícil aquí para el adulto es no caer en la tentación de controlar él la vida del niño, ya que durante el proceso de aprender a cuidarse, si ya para una persona mayor es difícil, más para un niño con menor manejo emocional, más. 

 

Es difícil pretender que un niño con diabetes limite los dulces o realice ejercicio habitualmente si convive con padres y hermanos que no lo hacen. Sin hace necesaria una charla familiar en la que se destaque por qué un estilo de vida sano es importante para todos, y no sólo para las personas con diabetes. Al incluir a todos los miembros de la familia en la planificación de las comidas y otras actividades, el niño no sentirá que es diferente a los demás ni que está siendo castigado por padecer de diabetes.

 

Para que el autocuidado sea aprendido, debe estar dentro de una rutina. Y los análisis de niveles de azúcar o las inyecciones de insulina también. Elogiar al niño cada vez que asuma una nueva responsabilidad en el cuidado de su diabetes es importante, pero también ser comprensivo cuando se presente algún retroceso temporal. Es importante aún con todo, sobreprotegerlo y ser congruente con el mensaje de que los niños con diabetes pueden hacer las mismas cosas que los niños que no la padecen. Los adolescentes pueden llegar a tomar decisiones desacertadas sobre el cuidado de su diabetes por la presión de su grupo, por miedo a ser diferentes de sus amigos y por su sentimiento de ser invencibles. Es importante hablar con ellos acerca de las drogas, el alcohol, la sexualidad y otros temas, y de cómo estos factores pueden afectar su diabetes y su salud general.

 

 

HABLAR SOBRE ENFERMEDADES MENTALES

 

El poder entender las enfermedades mentales puede ser un reto tanto para los adultos como para los niños. Los mitos, confusión e información incorrecta acerca de las enfermedades mentales causa ansiedad, crea estereotipos y continua el estigma. Así que para mantener esa conversación, los padres tendrán que indagar sobre el tema primero, conocer qué son las enfermedades mentales, quién las adquiere, qué las causa, cómo se hacen los diagnósticos y qué tratamientos hay disponibles.

 

Hay que tener en cuenta cómo llegó esta conversación a tener lugar, si el niño ha conocido a alguien con una enfermedad mental, incluso un familiar, o ha surgido de un medio audiovisual o ha oído algo. Las enfermedades físicas son algo que controlan mejor, así que compararla con una de ellas que conozca, ayudará. No es lo mismo tener un resfriado a una bronquitis o incluso una pulmonía; muchas personas cogen catarro o gripe, pero pocas una pulmonía, que es más grave y conlleva un ingreso en el hospital y tomar medicamentos. En momentos concretos, es normal sentir tristeza, ansiedad, preocupación irritabilidad o insomnio; pero cuando esos sentimientos se vuelven muy fuertes y no se van y se mantienen durante mucho tiempo, hacen que sea difícil ir al colegio o trabajar, estar bien con otras personas o hacer las cosas del día a día.

 

A un niño en edad pre escolar, le llamará la atención la apariencia física poco común o que se comporta de manera extraña, así como ver a una persona mayor llorando, agitada o gritando. Un niño en edad escolar, preguntará sobre todo el por qué de esa conducta y le preocupará su seguridad. Un adolescente, para cuando pida hablar sobre el tema, habrá recopilado información de varias fuentes antes, y tendrá muchas ideas erróneas y ejemplos de personas que alguien conoce. 
 

 

HABLAR SOBRE LA ENFERMEDAD TERMINAL DE UNO DE LOS PADRES (CÁNCER)

 

No existe un momento ni perfecto ni correcto para hablar con un hijo sobre la muerte. Su proximidad y certeza es la que nos presiona a buscar el momento, y el cómo se encuentren los padres. Quizás, cuando el padre hace poco que se le ha dicho que su cáncer es terminal y está más sosegado, se puede hablar y dar tiempo al niño a absorber la noticia y hacer preguntas, a la vez que se le incluye en el difícil proceso que va a pasar la familia. Hacerlo unido a ella le puede tranquilizar. Lo van a recordar el resto de su vida, y los eufemismos y palabras vagas están fuera de lugar. Es mejor ser claro sobre lo que va a suceder y abordar sus miedos. 

 

Los miedos que puede tener y que conviene aclarar. Cualquier enfermedad no hace que una persona se muera, por lo que importante especificar el tipo de cáncer. Puede tener miedo a que se lo contagien o contagiar a sus amigos. También, se puede sentir culpables, bien porque tienen corta edad y su forma de pensar en egocéntrica, bien por fantasías agresivas que ha podido tener por la relación con ese padre. Si son muy pequeños, les costará entender que en un tiempo ya no va a estar, y ayuda a explicarles en términos concretos de funcionamiento del cuerpo, por ejemplo, que dejará de respirar, y ya ni comerá ni hablará. Mientras le da vueltas a la conversación, irá haciendo preguntas en el tiempo, sobre qué sucederá con él y quién le va a cuidar, o el miedo si el otro padre también se va a morir. 

 

El proceso del duelo en los niños es intermitente hasta la adolescencia, momento en el cual logran entender el concepto en su modo más global, sobre todo que es permanente, y la pérdida se vuelve más real. Sentimientos como la tristeza son esperabas, pero si se vuelve tan intensa que no puede con su día a día, sería conveniente la ayuda de un profesional. También se pueden dar regresiones y tener conductas de niños más pequeños, como mojar la cama o necesitar mucha atención. Otras emociones pueden ser enfado hacia la persona que ha muerto y culpa por lo hecho o no. Con el tiempo, se activará un duelo especial, el del padre que no se tuvo; y volverá a activarse cuando ese niño sea adulto y tenga que hacer el rol de la persona que perdió, es decir, de padre.

 

Al niño le puede ayudar hablar de sus emociones, a la vez que darle permiso para continuar con sus rutinas, como la escuela, las actividades extraescolares y salir con sus amigos. En ocasiones, su sufrimiento se refleja en una mala conducta, o se vuelven muy dependientes. Y es importante observar si muestra comportamientos peligrosos, para protegerle. Incluirle en la despedida también es importante para él. 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

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ENLACES DE INTERÉS

 

Asociación contra el cáncer de Guipúzcoa (AECC): 

https://www.aecc.es/Paginas/PaginaPrincipal.aspx​

 

Asociación guipuzcoana de diabéticos (ASG):

https://www.gipuzkoasolidarioa.info/agd-asocgipdiabeticos/

 

Asociación guipuzcoana de familiares y personas con enfermedad mental (AGIFES):

https://www.somospacientes.com/agifes/ 

 

Asociación guipuzcoana de padres y madres separados (AGIPASE):

https://www.kidetzagipuzkoa.org/la-asociación-agipase/quiénes-somos/

 

Asociación guipuzcoana en favor de las personas con discapacidad intelectual (ATZEGI):

http://www.atzegi.eus

 

Federación coordinadora de personas con discapacidad física de Guipúzcoa (ELKARTU):

http://elkartu.org/inicio/

 

Asociación guipuzcoana de autismo (GAUTENA):

http://www.gautena.org

 

Programa Norbera (problemáticas en la adolescencia) de la Fundación Izan:

https://www.programanorbera.org

 

 

 

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