• Amagoia Alemán Méndez

HÁBITOS Y ADICCIONES


La línea entre los hábitos inconscientes, los hábitos descontrolados y las adicciones a veces es muy fina. Entender lo dañino del consumo de una sustancia y lo que llega a hacer una persona por consumirla o el deterioro físico, mental y social, en un caso extremo, resulta evidente. No lo es tanto cuando está justificado por un fin médico, o por ser una sustancia legal o por un consumo socialmente aceptado e integrado. O si en vez de ser una sustancia, es un alimento, comprar cosas, una afición o deporte, apuestas y loterías, trabajo o sexo.

ÍNDICE: INTRODUCCIÓN

ADICCIÓN

SUSTANCIAS LEGALES

SUSTANCIAS ILEGALES

DEPORTE

COMIDA

SEXO

JUEGO

COMPRAR

MÓVIL

TRABAJO

INTRODUCCIÓN

Existe en nuestro cerebro preferencia por ciertas sustancias que se segregan de forma natural a través de alimentos y bebidas que consumimos que contienen azúcar o grasas. Esas sustancias también se segregan al enfrentarnos a ciertas situaciones. Es la preferencia por la sensación de bienestar o placer. Y también se pueden lograr a través de sustancias consumidas de forma no natural buscando ese efecto.

Se denomina el cuarteto de la felicidad a la endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina. Las endorfinas son el analgésico natural, liberado con el picante o actividades como bailar o cantar. La serotonina está presente en el estado de ánimo, y se libera con el ejercicio físico aeróbico, por ejemplo; tiene efectos calmantes. La dopamina sería la mediadora del placer y la motivación, y se libera al conseguir objetivos o excepciones; tiene en general efectos estimulantes. La oxitocina está relacionada con la vinculación social y se libera en un abrazo, por ejemplo. Otra sustancia importante es la adrenalina, que aparece en situaciones de alerta o peligro, preparando para la acción y adaptación al estrés; una de sus acciones es estimular la producción de dopamina.

Cuando alguna de esas sustancias está en desequilibrio, se consumen medicamentos que lo compensan, con sus efectos secundarios. Dejar de tomar esa medicación es una decisión difícil, porque da miedo que sin ella se pueda funcionar de modo normal. En ocasiones, se consumen sustancias por experimentar unas sensaciones, y volver a la vida real sin esa intensidad, cuesta. Una persona se puede acostumbrar a ciertos hábitos que se convierten en parte de su vida, y dejarlos es un verdadero duelo. Pero la mayor parte de las veces, la dificultad está en dos factores. El primero, que lo que se ha consumido tiene un grado de adicción física y enfrentarlo es duro. El segundo, que el hábito o el consumo se fue de control porque debajo de él había una dificultad que la persona no conseguía resolver, evadiendo enfrentarla, y sigue estando ahí.

Así que todo tratamiento pasará por una fase de desintoxicación para tratar la dependencia física, y otra fase de cambio en la dependencia psicológica. En cuanto a la prevención, sería recomendable que personas vulnerables tuviesen un mayor apoyo y guía: edades tempranas sin madurez física y mental, personas con personalidad difícil, trastornos mentales, o personas que están pasando por una situación dura.

ADICCIÓN

Un consumo, un hábito o una afición, cruza la línea a la adicción cuando la persona experimenta dependencia, tolerancia y abstinencia. La dependencia es la sensación de no poder vivir sin el objeto de la adicción, buscándolo de manera compulsiva y provocando su falta gran ansiedad. Se activa el mecanismo de defensa de la negación, y la persona cree que puede dejarlo cuando quiera, pero sin embargo, le controla y condiciona toda su vida. La tolerancia es un factor por el cual el cuerpo se acostumbra a recibir la sustancia y hace falta incrementar la dosis para conseguir el efecto buscado. O dicho también en adiciones sin sustancias, la excitación que provocaba una situación ya no es tan alta y hace falta añadir variables para volver a sentirla. La abstinencia es el efecto que tiene en el cuerpo la falta de la sustancia de la que se ha vuelto dependiente y se traduce en desequilibrios químicos y hormonales y estrés psicológico.

Las sustancias psicoactivas (legales o no) se clasifican por el efecto que tienen en el Sistema Nervioso Central:

- DEPRESORAS (disminuyen su actividad): heroína, sedantes, alcohol.

- ESTIMULANTES (aumentan su actividad): cocaína, anfetaminas, tabaco.

- ALUCINÓGENOS (provocan alucinaciones y delirios): LSD, cannabis.

SUSTANCIAS LEGALES: MEDICAMENTOS, TABACO, ALCOHOL Y CAFEÍNA

Los medicamentos que provocan adicción se pueden clasificar por grupos, según su indicación: los derivados del opio, cuyo efecto es aliviar el dolor, las benzodiacepinas, de efecto sedante y tranquilizante, y los estimulantes. Existe otro grupo de medicamentos que, de por sí, no producen adicción física, pero sí psicológica, bien por buscar sus efectos, bien porque creemos que estaremos mejor si los consumimos.

MEDICAMENTOS PARA EL DOLOR. Los derivados del opio afectan a las áreas del cerebro que controlan las emociones, disminuyendo los efectos de un estímulo doloroso. Son la morfina (dolores fuertes y cirugías), fentanilo (dolor crónico), tramadol (sin receta de estupefacientes), y codeína (antitusígeno).

MEDICAMENTOS SEDANTES. Las benzodiacepinas se recetan para trastornos de ansiedad y del sueño.

  • Diazepam. Ansiolítico de acción prolongada, con un máximo de tiempo de utilización de 15 días. Acción hipnótica, anti convulsiva, sedante y relajante muscular.

  • Lorazepam. Ansiolítico de acción corta. La misma acción que el diazepam.

  • Alprazolam. Ansiolítico de acción corta. Tiene acción antidepresiva.

ESTIMULANTES. Aumentan los efectos de los neurotransmisores monoaminas. Son el metilfenidato (TDAH trastorno por déficit de atención con hiperactividad), oximetazolina (descongestionante nasal) y cafeína (migraña).

MEDICAMENTOS DE ADICCIÓN PSICOLÓGICA. No suelen necesitar receta médica, por lo que se tiende a administrarlos mal o abusar de su consumo. Son indicados para enfermedad comunes, como catarros o ciertos dolores. El problema está en que no se leen los prospectos, y se consumen de manera automática. Algunos de estos medicamentos, incluso se pueden elegir porque en dosis altas pueden provocar experiencias alucinógenas, como los antitusivos, somníferos y antihistamínicos.

TABACO. Su consumo es perjudicial para la salud, está relacionado con enfermedades cardiovasculares, de pulmón y cáncer, si bien, a los 10 años de dejar de fumar, el riesgo de esta enfermedades es el mismo que el de cualquier persona. Tiene una dependencia psicológica (autoimagen, fumar para relajarse, premiarse o autoestimularse), social (sentimiento de seguridad cuando se está solo, fumar al estar con otros fumadores) y gestual (juegos con las manos y la boca, rituales, automatismos). La sustancia adictiva es la nicotina. Se considera que una persona ha dejado de fumar si supera los 6 meses. Los síntomas de la abstinencia se comienzan a notar a las 24h-48h y duran 3-4 semanas, pudiendo persistir 2-4 meses. Síntomas de abstinencia: estado de ánimo disfórico o depresivo, insomnio, irritabilidad, ansiedad, dificultad de concentración, inquietud, disminución de la frecuencia cardíaca y aumento del apetito y peso. A lo largo de los años se han utilizado distintos tipos de terapias: tratamientos aversivos, electro-shock, terapias conductuales, fármacos sustitutivos de la nicotina, el antidepresivo de segunda generación Bupropión, chicles, parches de nicotina, spray nasal, inhalador, caramelos de nicotina… todos con contraindicaciones, por lo que se indican en casos de fumadores de más de 10 cigarrillos al día, para mitigar el síndrome de abstinencia. También existen estrategias de apoyo: libros de autoayuda, control con un cooxímetro (mide el CO2 al expirar), depósitos monetarios (dinero que se pone al principio y que se recuperará al final), grupos de apoyo… Los programas para dejar de fumar incluyen una primera fase de preparación, donde la persona se conciencia de lo que va a hacer y cómo, una fase de abandono con una fecha concreta y en la que se pondrán en marcha las estrategias acordadas, y una fase de mantenimiento, donde se planifican los momentos de riesgo de recaída.

ALCOHOL. El consumo peligroso de alcohol se considera a sobrepasar en una semana el consumo de 4 bebidas si destilar u 8 destiladas (40g) en hombres y la mitad (20g) en mujeres. También se considera peligrosa la ingesta en una ocasión mayor de 5 consumiciones al menos en 4 ocasiones en el mes anterior. Dependencia: existe un deseo o necesidad de consumir alcohol y se invierte mucho tiempo en conseguirlo, consumirlo y recuperarse, se activa el mecanismo de negación de problema, aun con la evidencia de conflictos con otras personas, no cumplir con las responsabilidades y correr riesgos. Existe tolerancia, en la que hace falta un mayor consumo para lograr el efecto buscado; el cuerpo se va habituando a unos niveles de alcohol y cuando bajan, lo que al principio fue por satisfacción, ahora se convierte en una necesidad. La abstinencia comienza entre las 5h-8h después de la ingesta, que empeoran entre los 24h-72h después de la última ingesta. Síntomas de la abstinencia: ansiedad, sudoración, náuseas, dificultad para respirar, convulsiones, hipertensión, fiebre, incluso delirios. En los controles médicos, se alcanza la normalidad entre las 2 semanas y las 6-8 semanas de abstinencia y si no hay lesión hepática. Se considera superada la adicción a los 5 años. El tratamiento psicológico llega cuando la persona se ha desintoxicado, el más eficaz es el grupal, aunque los hay de distintos enfoques: centrados en la motivación, autoayuda, prevención o familiares. Se suelen recetar fármacos para los síntomas de la abstinencia, y también para ayudar a que no se de una recaída. Estos últimos producen vómitos si se mezclan con el consumo de alcohol (agonistas): Altabús (disulfiram) y Colme (cianamina cálcica).

CAFEÍNA. Aumenta el nivel de hormonas de estrés en el cuerpo, por lo que eleva la alerta durante 30'-456' (algo más de 7h) y la dopamina. Causa una dependencia física leve: dificultad de concentración, cambios de humor, dolor de cabeza, somnolencia. Produce presión arterial alta, aumento de azúcar en sangre, estómago irritado, un estado de ánimo elevado y aumento de la atención. Si se abusa, dificultad motora fina, temblor, mareo, hipertensión, dolor de cabeza, insomnio y aumento de la frecuencia respiratoria. Desarrolla tolerancia, por lo que los efectos deseados bajan en intensidad con la misma cantidad de consumo, y hace falta más para conseguirlos. La abstinencia aparece a las 18 horas después del último consumo, máximo en 24h-48h, y baja en 7 días. Sus síntomas: depresión, fatiga, dolor de cabeza y dificultad para concentrarse. El tratamiento para la dependencia psicológica: aprender a realizar las cosas con energía pero desde la tranquilidad, sin agitación; sustituir rituales y el tipo de bebida; comer con frecuencia (índice glucémico), hacer ejercicio y dormir.

SUSTANCIAS ILEGALES

HEROÍNA. Los narcóticos son las drogas derivadas de los opiáceos, y la heroína es un derivado de la morfina, 3 veces más potente. Existen distintos tipos, dependiendo de su pureza, y puede ser fumada, inhalada o inyectada. Síntomas: sedación y enlentecimiento motor, deterioro de la atención, desinhibición, euforia, bajo deseo sexual, contracción pupilar, estreñimiento, baja la temperatura corporal y la presión arterial. El síndrome de abstinencia se inicia a las 8h-12h del último consumo y llega a su grado máximo a las 24h y no comienza a bajar hasta las 72h, durando hasta los 7-14 días. Síntomas: ansiedad, rinorrea y lagrimeo, dolores musculares y calambres, vómitos, diarrea, escalofríos, estornudos, taquicardia, hipertensión, dilatación pupilar, sueño no reparador. Se indican fármacos para la desintoxicación y para la deshabituación. Los fármacos agonistas son sustancias similares de vida más larga, que permiten ir reduciendo la dosis, la más conocida, la metadona. Los fármacos antagonistas producen efectos desagradables si se recae, por lo que ayudan a la deshabituación: naltrexona. También se recetan ansiolíticos, hipnóticos, antidepresivos, neurolépticos y antiepilépticos. El tratamiento psicológico después de la desintoxicación es muy amplio, porque se han visto afectadas muchas áreas y no suele bastar con una intervención ambulatoria. Las comunidades terapéuticas son la mejor opción.

COCAÍNA. Se puede consumir en hoja mascada, infusión, fumada, inhalada o inyectada. El crack es una cristalización en piedras pequeñas. Es una sustancia que hiperactiva el organismo, quien la consume busca en ella elevar el estado de ánimo, quitar la fatiga, el sueño o el hambre y aumentar la energía. Otros síntomas: euforia, ansiedad, irritabilidad, reacciones paranoicas, alteración de la percepción y la capacidad crítica, confusión, conducta estereotipada, taquicardia, sudoración, temblor, aumento de la presión arterial y temperatura corporal. El síndrome de abstinencia comienza a las 6h-12h desde el último consumo, donde tiene su fase aguda, y puede durar hasta 4 días. La ansiedad puede durar hasta la décima semana. Síntomas: Agitación, paranoia, depresión, anorexia y fatiga. No hay fármacos que hayan demostrado eficacia como antagonistas para la abstinencia. hay un tratamiento de los síntomas: ansiolíticos, antidepresivos, eutimizantes y antipsicóticos. El tratamiento psicológico es muy amplio, porque pueden haberse visto afectadas muchas áreas: personal, de familia, relaciones, trabajo,…

CANNABIS. Marihuana y hachís. Tiene buena prensa por sus usos médicos, como antiemético (control los vómitos), anticompulsivo y analgésico. Existen personas sensibles a esta sustancia que al consumirla tienen síntomas psicóticos. Síntomas: sedación y analgesia, alteraciones de la percepción espacio-temporal y euforia. Otros síntomas: Disminución del tono corporal y coordinación, aumento del apetito al principio o disminución, con el tiempo, dificultad de memoria y síndrome amotivacional (desmotivación y apatía). Taquicardia, hipertensión, hipotermia y broncodilatación. El síndrome de abstinencia aparece a las 12h, con el pico a las 36h-48h. Va bajando los dos primeros días y hasta las 3 semanas. La sustancia se elimina del cuerpo tarde, en 6-10 semanas. Síntomas: ansiedad, irritabilidad, inestabilidad, insomnio, pesadillas, taquicardia, sudoración, disminución del apetito y diarrea.

DEPORTE

El deporte se puede practicar con más o menos estructura y frecuencia, y normalmente, cuanto más dominamos la disciplina, más entrenamiento vamos añadiendo y más metas nos ponemos. Probablemente, los límites nos lo ponen la salud y el tiempo que podemos dedicarle, puesto que el trabajo y la vida personal también necesitan de nuestra atención. Se cruza la línea a la adicción cuando hay una dependencia a él. Independientemente de las condiciones para practicarlo o la lógica, se vuelve una necesidad, se realiza en exceso y de modo compulsivo. Se vuelve prioridad frente a la vida personal y el trabajo, generando conflictos en esas áreas. La tolerancia hace que se vaya aumentando constantemente la cantidad de ejercicio. Los síntomas de la abstinencia surgen cuando no se puede practicar por lesiones u otras situaciones, pudiendo aparecer una sensación de pérdida en la que se distorsiona la propia imagen, además de ansiedad, depresión e irritabilidad.

Se puede llegar a la adicción al deporte desde algo divertido para hacer en el tiempo libre que se va trasformando en una válvula de escape y que poco a poco se vuelve una obsesión y condiciona la vida de una persona. Existen personas que llegan a ella desde una preocupación obsesiva por la imagen corporal, condicionando su alimentación y rutina diaria y llevándolo al extremo.

Existe un círculo vicioso en el que la producción natural de endorfinas en el cuerpo, que funcionan como analgésico en el organismo, al hacer ejercicio en exceso debe ser mayor para tolerar el dolor que se está sintiendo al realizarlo y la manera de buscarla es con ejercicio, lo que lo está causando. Y esas mismas endorfinas desconectan a la persona de la realidad, olvidado temporalmente el dolor psicológico.

En el deporte extremo, se genera dopamina al tirarse de una montaña o descender por las aguas rápidas de un cañón por ejemplo, y al acostumbrarse a la situación, hace falta otro reto o actividad para recibir la misma dosis de dopamina. Existe también la sensación de peligro, liberándose otra sustancia, la adrenalina, que se sirve para que el cuerpo reaccione y lo evite. Las personas que practican estos deportes, son buscadoras de este coctel de dopamina y adrenalina. La vida del día a día y la rutina se vuelven difíciles de tolerar y es fácil que la persona tenga dificultades para adaptarse a ella, más si el deporte de riesgo se ha vuelto una adicción.

COMIDA

Determinados alimentos tienen efectos adictivos en el cerebro, sobre todo los que contienen azúcar, sal o grasas. Se vuelve una adicción cuando hay dependencia a su consumo más allá de lo saludable, y su falta genera ansiedad, tristeza e irritabilidad. La dependencia hace que la persona genere autojustificaciones, se mienta y mienta a los demás, coma a escondidas y tenga sentimientos de culpa tras la ingesta.

En la sociedad actual aprendemos a comer para mucho más que que mantener las necesidades fisiológicas. Existen distintos tipos de dietas, construidas para lograr ciertos objetivos. Existen unos cánones de imagen y salud en los que procuramos mantenernos y ajustamos lo que comemos a ellos. Aprendemos a comer de modo emocional, celebrando festividades o fechas con comida especial, o nos recompensamos logros con ella. O gestionamos emociones negativas y estrés con dulces o comida basura.

Se llega a la adicción por un mal aprendizaje de gestión emocional. También porque la comida se convierte en un modo de evadir situaciones que generan ansiedad. Algunas personas afrontan el estrés crónico con comida. El tratamiento pasa por estructurar las horas y la dieta desde la lógica de lo que es sano, aprender a gestionar las emociones a través de otras alternativas y reestructurar la rutina diaria que resultaba estresante, incorporando momentos de ocio, ejercicio, descanso o relajación. También se enseña a diferenciar el hambre del apetito que pueden generar estímulos externos a nuestro cuerpo.

SEXO

No toda persona que se masturba con frecuencia o consume mucho material pornográfico tiene adicción al sexo. No es un tema de frecuencia, sino de malestar psicológico ante una falta de autocontrol. La hipersexualidad se experimenta como una necesidad incontrolable por el sexo de todo tipo, y una vez obtenido el placer sexual, surgen sentimientos de culpa, vergüenza, malestar y odio hacia uno mismo.

La dependencia está en la falta de control de la conducta sexual y en la compulsividad. Alto contenido en fantasías, material pornográfico, comportamiento sexual abierto no discriminado, múltiple y breve. Existe un círculo en la adicción: comienza con la fantasía de una conducta, que lleva a realizar un ritual y la conducta sexual, tras la cual aparecen los sentimientos de culpa que llevan otra vez a la necesidad de aliviar el dolor emocional con más fantasía. Al final, acaba deteriorando las relaciones personales, afectivas y sociales. Existe tolerancia progresiva, por lo que se va disminuyendo el tiempo entre conductas. La abstinencia produce irritabilidad y ansiedad.

Con frecuencia es necesaria la terapia de pareja, porque la relación se ha dañado con la falta de intimidad, sensualidad, afecto o empatía, además de infidelidades, mentiras o manipulaciones. En ocasiones, existe de base dificultades donde la adicción hace las veces de autotratamiento, como ansiedad, depresión, otras adicciones como alcoholismo, TDAH, TOC, abusos sexuales en la infancia, o personalidades inmaduras. También se recetan fármacos. En general, el tratamiento pasa por un reaprendizaje de la conducta, manejo del estrés y un tratamiento de psicoterapia para la dificultad emocional subyacente que la conducta sexual está evitando enfrentar. Si bien se acuerda una abstinencia de un período concreto, el objetivo es mantenerse alejado de las conductas problemáticas, no del sexo.

JUEGO

Las apuestas están socialmente aceptadas, muchas personas son jugadoras habituales de lotería o quinielas, por ejemplo. El cambio de hábito a adicción está en la dependencia a la sensación que se experimenta y en la falta de control cuando las pérdidas superan las ganancias. La ludopatía, también llamada juego patológico, es un trastorno en el que resulta difícil controlar el impulso a participar en juegos de azar y apuestas.

La adicción se encuentra en la toma de riesgo y recompensa, pero también en el tiempo que invierte en pensar y fantasear sobre ello, volviéndose una obsesión. Por un lado, con respecto a la dificultad de control del impulso, hay un ciclo en el que se experimenta tensión emocional antes de jugar, placer y liberación durante el juego y arrepentimiento después por la falta de control, sobre todo si las consecuencias no son las esperadas. Por otro lado, supone una adicción con todos sus componentes; hay una sensación de necesidad de jugar y una gran dificultad para no hacerlo, no se puede detener una vez iniciado y se organiza la vida alrededor del juego, bien para conseguir dinero o para pagar deudas, llegando a dejar de lado otras áreas de su vida. Existe una tolerancia en la sensación de excitación del juego, por lo que el jugador aumenta la magnitud o la frecuencia de la apuesta o el riesgo. También aparecen síntomas ante la abstinencia: irritabilidad, inquietud, depresión y dificultades de concentración, sobre todo ante estímulos relacionados con el juego.

El tratamiento de deshabituación incluye técnicas de control de impulsos, control del estrés, antidepresivos, prevención de situaciones desencadenantes de recaídas y tratamiento de la dependencia psicológica, recuperando todas las áreas que se han visto afectadas. También se evalúan otros trastornos asociados, como el consumo de otras sustancias, sobre todo alcohol.

COMPRAR

En una sociedad como la nuestra, no solo compramos por necesidad. En ocasiones, es un plan divertido, porque requiere recorrer tiendas llenas de estímulos durante horas. Muchos comercios facilitan la compra impulsiva con la facilidad de llevar a casa y devolver, por lo que también se vuelve algo divertido. Permite la fantasía de tenerlo todo, tanto en el probador como en casa sin tener que poner realidad hasta que la fantasía se ha debilitado. En otras ocasiones, compramos no por la actividad agradable en sí, sino como una forma inadecuada de encarar problemas personales. La tristeza y la rabia de una ruptura no se arregla yendo de compras, sino pasando el duelo; si has cogido peso y te sientes culpable, si estás nervioso porque tienes una reunión importante,… lo que vayas a comprar no es lo que lo va solucionar. Es una evasión. Es un modo de evitar sentir el malestar.

Un hábito de comprar sin la necesidad real se vuelve una adicción cuando hay una dependencia a la sensación de excitación que crea la compra compulsiva de cosas y la falta de control en ello. Es un trastorno del control de los impulsos en el que se tienen preocupaciones excesivas relacionadas con las compras y se siente una gran necesidad de realizarlas. Se genera una gran tensión antes de realizarlas, la persona no se puede detener una vez iniciadas y tiene sentimientos de culpabilidad al acabar. El tratamiento pasa por el aprendizaje de técnicas de control de impulsos, control del estrés, ruptura de rituales alrededor de la compra, planificación de lo que se necesita antes de comprar, prevención de situaciones desencadenantes de recaídas y tratamiento de la dependencia psicológica.

MÓVIL

Un teléfono es un aparato electrónico con el que conectamos con otra persona que no está presente pero tenemos que establecer una comunicación. En el momento en el que ese aparato deja de estar atado a la pared y se conecta a una red y nos acompaña a donde quiera que vayamos, se convierte en móvil (siempre que haya cobertura o red WIFI). Ya no hay que retardar la conversaciones, y la importancia de lo que se comparte deja de tener una jerarquía. Las comunicaciones se vuelven espontáneas, in situ. Es decir, impulsivas. El teléfono móvil ya no solo permite conexiones de voz, sino también de datos y con ello, internet. Amplía el tipo de comunicación: texto, imágenes, video. Y se amplía también el número de personas conectadas, de una a un grupo o red social. la conexión deja de ser sólo privada para incluir lo público, y así, la entrada de la publicidad y el negocio a través de personas conectadas. Y todo esto, con tarifas planas en un aparato que nos acompaña a todas partes. El teléfono móvil pasa a ser no solo instrumento de necesidad en un momento concreto, sino en algo que nos distrae, instruye, nos da una dirección, divierte, o nos da de comer.

Recurrir a su uso es un hábito entre la mayoría de nosotros en esta sociedad, pasa a ser una adicción cuando sentimos dependencia de este modo de comunicación en detrimento de la comunicación directa real con las personas y las experiencias reales de vida. Los síntomas de dependencia: miedo irracional a salir de casa sin el móvil o no tenerlo, ansiedad si se queda sin batería o cobertura, uso excesivo e inadecuado, y estar en exceso pendiente de él. La adicción se encuentra en las sensaciones de excitación que produce la inmediatez de la comunicación así como la gran variedad de estímulos que aporta. La abstinencia tiene como síntomas ansiedad, irritabilidad, depresión. El tratamiento pasa por retomar una comunicación real con las personas y el contexto, aprender técnicas de control de impulsos, ruptura de rituales y automatismos, aprender a estar sin estímulos. También hay que evaluar otras dificultades relacionarles y si hay un exceso de utilización del móvil como algo lúdico que esté sirviendo como evasión de dificultades personales.

TRABAJO

"El trabajo dignifica a las personas" es un dicho; también es verdad que trabajamos para vivir. El límite de la adicción está cuando la persona tiene la tendencia compulsiva a trabajar sin control, con dificultad para relajarse, una necesidad excesiva de control en el trabajo que se convierte en irritabilidad cuando no consigue el rendimiento que espera, dificultad para delegar tareas y para trabajar en equipo, su autoestima pasa por lo que ha ocurrido esa jornada y tiene escasas relaciones interpersonales con el resto de los compañeros. Los síntomas de la dependencia son ansiedad, estrés, cansancio, dolor de cabeza, insomnio, disfunciones sexuales, úlceras, tensión muscular, hipertensión y deterioro de otras áreas como la familiar o amistades.

El tratamiento de una persona "workalcoholic" pasa por recuperar el equilibrio entre el trabajo y su vida personal, recuperar áreas afectadas, bajar el nivel de exigencia y estrés, y evaluar otras complicaciones, como el abuso de sustancias estimulantes, alcohol y tabaco.

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