• Black Facebook Icon
  • Amagoia Alemán Méndez

VIVIR CON LA INATENCIÓN Y LA HIPERACTIVIDAD: EL TDAH ADULTO


El Trastorno De Atención e Hiperactividad conlleva un modo particular de percibir y relacionarse con el mundo. Hace falta un entrenamiento mental y emocional constante para que ello no suponga una dificultad en el día a día. La literatura se ha focalizado mucho en ese entrenamiento, pero en realidad, son personas a las que les pasa lo normal, trabajan, se relacionan, tienen parejas, familias, pasan por duelos… Conocer las particularidades del trastorno y cómo influye en ellos puede ayudarles a que esas dificultades normales no se conviertan en problemas.

ÍNDICE: INTRODUCCIÓN

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTOS

MEMORIA DE TRABAJO

GESTIÓN EMOCIONAL

CONDUCTA SOCIAL

INTODUCCIÓN

El problema esencial es el control de la atención y lo que esto supone en todas las áreas en las que es importante que la atención exista o se inhiba. En general, una persona con tdah le hace falta gran estimulación para conseguir atención, motivación y autocontrol. Esa estimulación tiene muchas fuentes, la mayoría, aprendidas desde la experiencia; pueden ser consecuencias inmediatas desagradables, chutes de adrenalina o ilusión, una emoción intensa...

Los síntomas de esta dificultad comienzan en la infancia, y en muchas ocasiones remiten al llegar a la edad adulta. Pero también puede ocurrir que no sea así. Un adulto con tdah suele ser una persona que:

- Habla mucho y le cuesta esperar su turno en la interacción y, en ocasiones, en el momento siguiente, parece no escuchar y tener la cabeza en otro sitio. Suelta lo primero que le viene a la cabeza, suele ser conocido por su "franqueza".

- Toma decisiones emocionales y poco reflexionadas, incluso al rato de hacerlas, se queja de hacer cosas que en realidad no quiere hacer. Puede parecer una persona caprichosa, porque un día dice querer algo y al siguiente, otra cosa. Se le va el tiempo, no consigue gestionarlo.

- Quien le conoce lo define como el eterno niño, es alegre y creativo; es uno de sus principales encantos.

- Su modo de proceder es inmaduro y eso suele conllevar estrés en sus relaciones personales y laborales. Suele ser éste uno de los motivos por los que llega a pedir ayuda profesional.

- En el día a día suele ser superficial hasta el momento en el que algo se le queda fijado y puede convertirse en una obsesión. No recurre de normal a las experiencias pasadas y repite patrones de conducta con cierta rigidez, tomando decisiones que ya mostraron consecuencias negativas anteriormente o repitiendo relaciones en las que son rechazados o eran conflictivas. Otro de los motivos por los que puede pedir ayuda profesional.

- Tiene labilidad emocional y vive las situaciones con gran intensidad. Algunas personas tienen un punto peleón, saltan con las injusticias; en general, necesita que las cosas encajen para estar relajado. Es hipersensible y sus reacciones emocionales no suelen pasar inadvertidas y en muchas ocasiones, le acarrean problemas en las relaciones interpersonales. Suele manejarse de modo independiente, y en ese sentido, quienes les rodean se quejan de falta de empatía. Pero también ocurre que cuando se para a ponerse en el lugar de alguien, la intensidad de la empatía que siente sorprende gratamente a su interlocutor al principio. Pero suele ocurrir que se vaya al otro extremo y se sienta culpable si ha hecho daño con su conducta no entra dentro de sus valores y engancharse a esa emoción.

- Con sus parejas puede colocarse en uno de los extremos, o no les hace mucho caso, o le abruma y controla en exceso.

- Suele cambiar de trabajo y romper relaciones más menudo que otras personas; puede ser por aburrimiento, algo que les ha obsesionado, relaciones con compañeros, por cambio de situación que les motiva o frustración. Su compromiso con las sesiones de terapia es breve también. Tiende al egocentrismo, las cosas tienen que ser como él las espera. Tiene poca paciencia. La poca tolerancia a la frustración hace mella en las tareas y objetivos que se marca, y suele rendirse antes, con todos los mecanismos de defensa del yo que se activan en consecuencia. Aun así, la autoestima suele estar baja.

- Se manejan en extremos, les cuesta arrancar a ponerse a hacer algo y luego no pueden parar. Les cuesta atender a una sola cosa porque ven muchas como opción, pero cuando lo consiguen, pierden la sensación de existencia del resto.

- Suelen buscar actividades que hacen la función de auto-medicación, son actividades muy estimulantes de gratificación rápida (deportes, por ejemplo, desde un lado positivo, pero también discusiones en el negativo) que producen una sensación inicial de concentración y por ello, calma interior, pero posteriormente, sobreestimación. Otro motivo por el que suele consultar es porque tiene mayor riesgo a las adicciones.

- En ocasiones, ciertos estímulos llaman su atención y no puede descentrarse de ellos. A esta dificultad se le llama hiperfoco. Pueden ser ideas sobre situaciones que están viviendo, con las que llegan a la obsesión. Puede ser algo que quiere y volverse muy insistente y machacón. Pero en el día a día, son olores, detalles de lugares, personas, palabras, expresiones… que para otras personas, pasan desapercibidas.

Existen más quejas que suelo escuchar, pero varían según la persona y su momento vital. También hay diferencias si predomina la inatención o la hiperactividad con respecto a las personas de tipo combinado. En general, cuando hay hiperactividad, suele tener épocas con insomnio y otras de dormir mucho, nerviosismo constante en las mejores épocas y ansiedad y depresión cuando hay estresores. Problemas con el apetito, épocas de gran pérdida de peso y otras de ganancia. Puede tener problemas por su manera de conducir o por cómo gestiona el dinero. Hay una constante inseguridad con respecto a todo que no le deja disfrutar de lo que tiene. En ocasiones, suele fantasear con el futuro con mucha rapidez, ya desde la ilusión, ya desde el miedo, alimentando esa inseguridad. Puede llegar a adelantar sucesos o intenciones sin ninguna base, y actuar sin sentido para los de su alrededor. Siempre está preocupado por algo.

La gran mayoría de las personas con tdah no se medica, es una decisión difícil, sobre todo si se ha diagnosticado en un niño, porque puede ayudarle a adquirir conocimientos y habilidades, y a madurar en general, pero no deja de tener sus limitaciones. Un adulto con tdah se verá beneficiado por ella, pero no como único tratamiento. La medicación pede ayudar a centrar la atención y a controlar los comportamientos agresivos, pero la dificultad para regular el comportamiento en función de las demandas situacionales, persiste. Sigue existiendo rigidez a la hora de pensar y actuar. El funcionamiento social implica la capacidad de regular el comportamiento según la información percibida en cada situación, y las personas con tdah tienen dificultades para captar pistas no verbales, reconocer emociones y gestionarlas.

El autoconocimiento por un lado, el entrenamiento en las habilidades cognitivas y emocionales en las que tiene dificultad, y el entrenamiento en habilidades sociales por otro, se convierten en los mejores tratamientos. El apoyo social viene de la mano de alguien que les ayude a jerarquizar y gestionar situaciones concretas, de hecho, suele agradecer la opinión de los demás. Puede tener dificultades a las que es propenso, como la ansiedad, la depresión y la obsesión. Y luego está la vida, como la de todos, que en ocasiones, hace falta un apoyo extra profesional.

Puede que en la literatura encuentres otras maneras de hablar del tdah, refiriéndose a él como trastorno del rendimiento, trastorno de regulación de la atención, o trastorno de la motivación.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTOS

Resumiendo los criterios diagnósticos de la quinta edición de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), donde encontramos el trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad dentro del apartado de Trastornos del Neurodesarrollo:

1. Hay falta de atención y/o hiperactividad o ambos desde antes de los 12 años de edad, mínimo 6 meses, en casa, el colegio, actividades lúdicas y trabajo. Esta situación interfiere y reduce la calidad de afrontamiento en el funcionamiento social, académico o laboral. No está relacionado con agresividad o comportamiento de oposición.

2. INATENCIÓN (6 síntomas niños, 5 adultos)

- Frecuentes fallos en detalles y errores por descuidos;

- Frecuente dificultad para mantener la atención en tareas, o conversaciones;

- Frecuentemente parece no escuchar en conversaciones directas

(parece estar pensando en otra cosa);

- Frecuentemente inicia tareas y no las acaba, por distracciones o evasión.

No sigue instrucciones, no acaba trabajos o responsabilidades domésticas.

- Frecuente dificultad para organizar tareas y actividades.

dificultad en organizarse con secuencias de una actividad, mala gestión del tiempo;

desorden en las pertenencias, no se acaban las cosas en el tiempo calculado.

- Frecuentemente se evita iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.

Cierto tipo de tareas escolares o domésticas, informes, lecturas largas…

- Frecuentemente se pierden cosas importantes: material, llaves, móvil, apuntes…

- Los estímulos externos le distraen con frecuencia, incluso pensamientos en adultos.

- Frecuentemente olvida actividades cotidianas; devolver llamadas, citas, facturas.

3. HIPERACTIVIDAD (6 síntomas, 5 adultos) Frecuentemente:

- Juguetea, mueve pies y manos o no para en el asiento.

- Se levanta del asiento aun cuando tiene que estar sentado por la situación.

- Se muestra inquieto en su conducta, aun siendo inapropiado.

- Dificultad en el juego u otros hobbies.

- Pocas veces está quieto y tranquilo mucho tiempo, siempre está ocupado.

- Habla en exceso.

- IMPULSIVIDAD, frecuentemente:

- Se adelanta a responder, interrumpe o termina frases de otros.

- Dificultad de respetar el turno.

- Interrumpe actividades de otros o se adelanta, no pide permiso.

TRATAMIENTOS. Existen varias opciones de tratamientos farmacológicos, y varias opciones de psicoterapia. En el apartado de la medicación, la opción más general es la de recetar estimulantes como el metilfenidato o las anfetaminas.

La terapia Cognitivo Conductual se centra en ayudar a mejorar las habilidades cognitivas necesarias para la organización diaria, controlar los patrones de comportamiento impulsivo y abordar los sentimientos de baja autoestima. La orientación Mindfulness proporciona herramientas como la Meditación para localizarse en el presente y mejorar la concentración. Las intervenciones de orientación Coaching se orientan a desatascar la situación problemática y orientan a la persona a organizarse hacia un cambio.

Asociaciones. Son una buena alternativa, suelen contar con grupos de apoyo y se puede hacer una intervención más amplia dentro de la familia o la pareja.

Para mantener la atención, se suelen consumir cafeína y estimulantes, aunque parezca contradictorio. También se suele recomendar poner un esfuerzo extra en la organización y no dejarlo al azar: en casa, utilizar colgadores para las llaves (existe un localizado de objetos por bluetooth en el mercado, Chipolo), listado de tareas, calendario, agenda… en el trabajo, mantener el espacio en orden y cuaderno de notas, gestionar el tiempo dividiendo las tareas en otras más pequeñas, utilizar alarmas, limitar las distracciones… he visto a personas tener varios estímulos en marcha para mantener la atención en el que les interesa, y mucha gente utiliza música y auriculares. Se potencian los hábitos de alimentación, orden, seguir las normas… Existen Apps para practicar en pequeños momentos ciertas habilidades cognitivas.

Para la regulación emocional, se suele potenciar el lenguaje interno, con autoinstrucciones que se deben de repetir a modo de mantra en el momento adecuado y cuya intención es que se conviertan en automáticas. Por ejemplo, "cálmate y te saldrá bien", "las decisiones se toman en frío", "piensa dos veces antes de hablar"… Se enseñan técnicas de relajación. Se trabajan herramientas de inteligencia emocional: gestión de la ira, gestión de la sobreexcitación, asertividad, empatía, comunicación y lenguaje emocional.

Se enseñan también habilidades sociales, y se recomiendan actitudes de autocuidado para realizar en momentos de estrés por supuesto, pero también incluirlas en la rutina diaria, como buscar momentos sin estímulos (sin gente, sin actividad, como quedarse en casa solo).

QUÉ ENTRENAR: LA MEMORIA DE TRABAJO

Usamos la memoria para almacenar información importante que en futuro puede sernos útil. Va de todo, datos, información emocional, recuerdos de interacciones… Todo lo que memorizamos puede ser almacenado a largo plazo si no se usa, o si vamos a necesitar esa información pronto, se guarda en la memoria a corto plazo.

La memoria de trabajo es un tipo de memoria a corto plazo en la que se almacena temporalmente una información para ser procesada. En ese procesamiento entran en juego la atención, organización, almacenamiento de datos relevantes e inhibición de los que no lo son. De esta manera, se integran datos bajo secuencias, se asocian a otros que están en la memoria largo plazo y se retiene todo mientras se puede poner la atención en otros datos que deben ser organizados como relevantes o no y dónde. Cuando algo no cuadra, ser capaz de re construir el proceso, recombiando los datos y pasos para un nuevo diseño desde la flexibilidad.

Existen dos memorias de trabajo. La memoria de trabajo de información verbal, se refiere al habla interno; errores aquí serían por ejemplo los fallos al seguir las instrucciones de algo, manejarse bajo unas reglas o la mala comprensión al leer. La otra memoria de trabajo es la de información no verbal, que se compone de sensaciones y movimientos que acabas de tener o vas a hacer; errores aquí dificultan prever qué vas a sentir o hacer y sus consecuencias, la conciencia del tiempo o imitar conductas nuevas a través de la observación.

QUÉ ENTRENAR: LA GESTIÓN EMOCIONAL

Hay varios aspectos a tener en cuenta: la dificultad con la regulación de la motivación, la dificultad con la atención y su influencia en la gestión emocional y la labilidad emocional acompañada con una baja autorregulación. A partir de ahí, las propuestas de entrenamiento y autocuidado.

Le hace falta una gran estimulación en la motivación. Tiene dificultad para comprender y contener reacciones emocionales, modificarlas si le distraen de sus objetivos, y generar emociones nuevas. Cuando disparan los impulsos y emociones, se distrae de su tarea con facilidad y, si la realiza, lo hará como algo aburrido. Y cuando se fija un objetivo, muestra un alto rendimiento.

La atención es importante a la hora de hacer buenas elecciones: formular objetivos, planificar cómo hacerlos, hacerlos e improvisar si va mal. Con una mala memoria de trabajo, les resulta difícil conectar con experiencias pasadas y sus objetivos futuros. Olvida fácil las ocasiones en las que ha conseguido algo, por lo que es difícil de complacer. Se puede meter en situaciones que le generan alta ansiedad por falta de planificación. Toma muchas decisiones emocionales o impulsivas. Puede llegar a ser rígido, egocéntrico y le gusta el control, en el sentido de terco y mandón. Todo esto le llevará a menudo a la frustración, y suele reaccionar con agresividad.

Tiene labilidad emocional, con cambios imprevisibles en el estado de ánimo e intensas emociones. Puede conectar con el entusiasmo y no ver la realidad, pero, generalmente, conecta más fácil con emociones relacionadas con el negativismo y la tristeza. Tiene tendencia a no sentirse satisfecho consigo mismo o los demás o la vida en general. Hay diferencias entre hombres y mujeres, probablemente por el tipo de educación diferenciada que recibimos según nuestro sexo, en la que a los hombres se les educa más instrumental y a las mujeres emocionales, pero es fácil que tenga alexitimia: dificultad para identificar y hablar sobre emociones. Junto con la baja autoestima por ser consciente de la frustración y el rechazo por parte de las otras personas, fácilmente activa muchos mecanismos compensatorios de adaptación: evitación de situaciones, huída si hay dificultades, auto justificación, culpa externa, acabar cuanto antes lo desagradable, agresividad, control hacia el otro, comportamiento oposicionista, llevar la contraria… Puede ser muy intenso o apático, y cuando desea algo, muy insistente. Puede soltar lo primero que le viene a la cabeza, ya no solo por la impulsividad, sino para comprobar la reacción de la otra persona. Y cuando se engancha a la pelea, es capaz de sacar de quicio al otro.

Desde el punto de vista de la Inteligencia Emocional, una persona con TDAH presenta niveles altos de atención a sus emociones junto un bajo manejo de sus estados negativos. Muestra una alta reactivada emocional, incluso se podría decir que desproporcionada. Tiene dificultad para el reconocimiento y comprensión de la información afectiva. Le resulta más difícil de reconocer el miedo y el enfado, y la mejor, la alegría.

También es importante entrenar la autorregulación, desglosada en tres aspectos: la capacidad de inhibir conductas no apropiadas relacionadas con emociones intensas, capacidad de redireccionar la atención para alejarse de eventos provocadores de emociones conflictivas, capacidad para organizar las emociones y dirigir la acción a objetos y bienestar a largo plazo.

Por todo esto, a trabajar:

- Autoconciencia, para identificar pensamientos y sentimientos,

- Conciencia social, la empatía,

- Autogestión, control emocional, objetivos a corto y largo plazo,

- Toma de decisiones responsable, evaluando los distintos aspectos y consecuencias para uno y los demás,

- Habilidades interpersonales, asertividad y resolución de conflictos.

Con un buen entrenamiento, podría automatizar un análisis de situaciones básico que ayude a regular las reacciones de ira. Por ejemplo, en un cuadro a modo de lista, debería apuntar la situación frustrante, que suelen ser poco variadas: reaccionan intensamente a las injusticias, a los mensajes incoherentes o situaciones que no entienden (suelen quedarse colgados a intentar resolverlas), a la falta de apoyo o las críticas, los mensajes agresivos o que las cosas simplemente no salgan hoy. Después de localizar la situación, hay que buscar en el cuerpo las señales de activación de la ira: palpitaciones, tono de voz, calor… antes de explotar, dar espacio al pensamiento y, sobre todo, pensar en las consecuencias. He visto gente muy impulsiva capaz de controlar un comportamiento agresivo repetitivo con sólo conectar con la idea de que va a acabar en la cárcel. Conectar con las consecuencias, si son lo suficientemente reales, tienen la intensidad suficiente que necesita su motivación. Hay ocasiones en las que se puede reflexionar sobre la mejor reacción y otras, no. Eso no es imprescindible para controlar la ira.

La hipersensibilidad no se puede erradicar, es más, es parte de la forma de ser y tiene muchas cosas positivas, como la creatividad o la intensidad con la que se disfruta de las cosas. Pero gestionar sabiendo como somos, puede evitar dificultades futuras.

- Preveer los momentos que van a ser difíciles, como en los que se está en hiperfoco, cogiendo menos responsabilidades y evitando ser molestado.

- Poner límites a meterte en situaciones agobiantes, porque se engancha fácil a la negatividad; crear lugares donde consiga estar tranquilo.

- Sentir da información sobre lo que te está pasando, hacer caso y buscar la razón de por qué se está así, para salir del bucle.

- Hacer ejercicio ayuda a regular el estado de ánimo y la relajación prepara para una actitud positiva.

- Aprende a decir no de modo asertivo. Busca tus espacios donde no haya sobrecarga de estímulos sociales, haz descansos en el trabajo, y date premios.

QUÉ ENTRENAR: LA CONDUCTA SOCIAL

Es importante entrenar habilidades sociales y prosociales, porque una persona con tdah tiene una tendencia a la individualidad y egocentrismo que no le hará atractivo a ojos de los demás. Será rechazado por sus reacciones emocionales intensas y su dificultad con los conflictos interpersonales.

Tiene dificultades en habilidades importantes para la competencia emocional: reconocimiento, regulación y expresión de emociones. La dificultad de reconocimiento de información afectiva está presente en expresiones faciales o conductas afectivas. Esto le dificulta adaptarse a los cambios vitales y nuevas situaciones.

No siempre tiene la capacidad de comprensión de su comportamiento desde el punto de vista de otra persona. En ocasiones, hace interpretaciones erróneas del lenguaje corporal y expresión facial, que junto al bajo control verbal o de conducta, podría llegar exasperar o molestar al otro.

La baja autorregulación emocional le lleva a tener una tendencia a la agresividad en detrimento de la asertividad. Le cuesta la conciencia de sus emociones y la empatía, y en el grupo tiende a ser individualista y a no cooperar. No logra ajustar su comportamiento a la interacción de sus iguales. Le cuesta hacer amistades y mantenerlas. Le cuesta resolver conflictos, porque suele tener estrategias de evitación basadas en pensamientos rumiativos poco realistas sin tener en cuenta las emociones. Esto le puede llevar a conductas poco adaptadas o incluso inadecuadas.

Los otros, rechazan sus conductas molestas y desorganizadas (hacer cosas inesperadas, agresividad...), además de ciertas características de personalidad, como mal carácter, oposicionismo, egoísmo… Ellos, sin embargo, tienden a pensar que no es tanto el rechazo, además de sobreestimar sus competencias y autopercepciones, aun viéndose diferentes.

Con cierta frecuencia hay historia de bulling en la edad escolar. Sus reacciones agresivas y de frustración, el menor manejo emocional y de la empatía, además de repetir pautas de comportamiento sin evaluar sus consecuencias pasadas o lo que ocurrirá, le puede convertir en víctima, y en ocasiones, en acosador. Un acosador que siente miedo, envidia, agresividad, inseguridad o es infeliz, podría utilizar el hecho de la diferencia de su víctima para sentirse superior a vista del resto de compañeros.

#Autoayuda #Opcionesdetratamiento #emociones #Inatención #Hiperactividad #Funcionamientosocial