• Amagoia Alemán Méndez

MEMORIA DEL AÑO. RETROSPECTIVA


En agosto hace un año del traslado a la actual oficina. En el artículo hago honor a éste aniversario y repaso las cosas más interesantes que han pasado por éstas cuatro paredes.

UN POCO DE HISTORIA


Durante el último año de carrera, pasé unos meses de voluntariado en un psiquiátrico en Mondragón, durante la formación en terapia de familia, hice voluntariado en en dos locales de Cáritas y en Norbera; participé en investigación con pruebas y terapias gratuitas… vamos, lo de todos.

El primer despacho en el que trabajé y empecé a cobrar, fue una sala libre que tenía en casa. Recuerdo con mucho cariño aquellos primeros clientes. Algunas de aquellas historias aún siguen provocando en mí admiración.


La siguiente oficina fue compartida. Era muy grande, diez salas, cocina, dos baños y sala de espera. Estábamos seis terapeutas, de distintas disciplinas y una asociación. Además de consulta privada, teníamos un programa de terapia gratuita, y una formación de terapia familiar y de pareja.

Fueron cuatro años de mucho trabajo, con el apoyo de de dos terapeutas experimentados a los que recurríamos muchas veces, claro. No se nace sabido. Nunca agradeceré lo suficiente lo que hicieron por nuestro equipo.

Recuerdo la ilusión de aplicar técnicas, hacer hipótesis… Moverte entre un montón de gente de todas las edades, entre alumnos, profesores de seminarios, clientes y familias. Preparar clases, charlas, grupos… viajar, seguir estudiando…


A la par que compartía oficina, tenía otros proyectos, y allí no tenía espacio para ellos. Tuve un par de años un localón enorme donde hacíamos los seminarios e intensivos de la formación y yo podía llevar mis grupos de terapia. Además, había una sala extra donde hacer consulta y un espejo bidireccional para supervisiones en vivo.

Los grupos de terapia tienen una magia especial. La cohesión que se crea es muy grande, y podría decir que los que allí estuvieron, mantuvieron contacto años después de cerrado su grupo.

Las horas en las que trabajaba sola, encontraba la tranquilidad que en la otra oficina no tenía; los inquilinos anteriores practicaban yoga y las paredes estaban llenas de murales que conservé y mantenían esa buena energía. Y fuera, una terraza muy grande que daba a la calle y por donde se accedía.


La siguiente oficina tenía la misma función que la que os acabo de contar, pero más pequeña.

Grupos, consulta privada y taller de familia de origen de la formación. Una sala de grupos con cocina, sala de material, sala de espera y baño. La mantuve paralela a la oficina compartida cuatro años. Me coincidió con la crianza de mi hija y no la pude explotar todo lo que hubiese querido.

Tenía una intimidad especial, no parecía un despacho en absoluto. Se respiraba tranquilidad, y si las sillas eran demasiado formales, habían mecedoras, cojines y todo el material de grupos, además de objetos de anti estrés y cachivaches varios, que siempre me han gustado.


De la oficina compartida, nos trasladamos tres terapeutas a otra algo más pequeña. Aun así, tres salas de consulta, una de grupos, una de espera y la oficina de la asociación. Estuve allí diez años. Consulta privada y formación.

El ambiente era muy profesional ya, nada que ver con los primeros años. Los alumnos traían frescor a la sala de grupos y a la entrada… bueno, también algo de jaleo… pero nada que no se relajase en el bar de abajo. Fuimos los primeros psicólogos de todo el edificio, lleno de personas de cerebros numéricos; luego, llegaron más y la cosa se equilibró.


El año pasado me trasladé a la Parte Vieja de Donostia. La consulta es pequeña, pero me gustó de ella que era un volver a las raíces. Ir en bici a ella por la Zurriola, la tranquilidad, la luz… mis cachivaches a mano, librería, retomar un diván, sillones relax, luz tenue, paredes blancas en las cuales proyectar la tablet…

Consulta privada, formación y supervisión. Y curiosamente, mi hija hace los deberes allí con una motivación especial. La sala crea mucha intimidad, y me resulta interesante que la voz de las personas que estamos dentro, se regula en un tono tranquilo enseguida, incluso en situaciones de conflictos.

LA WEB Y LA PÁGINA DE FACEBOOK

La página web, amagoiaalemanmendez.com, llegó junto con el cambio de oficina, hace un año. Tenía varias inquietudes.

La primera, me sorprendía que no existiese la figura de un psicólogo generalista que pudiese hacer las derivaciones a un tipo de terapeuta u otro. Un traumatólogo no se centra en los síntomas de alguien que tiene neumonía, aunque ambos especialistas sean médicos. Con los psicólogos, es igual. Y las personas cuando buscan ayuda psicológica, no saben a dónde ir. Para los que trabajamos en esto, está claro que los síntomas del estrés postraumático irán mejor con una terapia cognitiva que con un psicoanálisis. Y luego está la variable personalidad del cliente, algunas personas tienen una forma de ser centrada en lo concreto y una terapia breve les ayudará más; otras personas son más un estilo reflexivo y fluirán mejor con una terapia más humanista.

Quería poder ayudar a aclarar lo que la terapia sistémica aporta y a qué situaciones está encaminada. Que quien contactase conmigo ya se haya identificado con el enfoque con el que se iba a trabajar. Está claro que los síntomas como trastornos alimentarios, depresiones, hipocondría, obsesiones… son abordables, pero es importante que se entienda que son parte de un intento de enfrentar algo de su ciclo vital u otro acontecimiento que no se consiguió de otra manera. La terapia sistémica puede tener un tinte más breve y concreto o uno más reflexivo, pero lo que siempre abordará son la influencia de las relaciones personales tanto en el surgimiento del problema, como en el mantenimiento o cómo pueden ayudar a su solución. Por eso, todas las dificultades que tengan que ver con relaciones, será lo más distintivo a la hora de elegir este tipo de terapia, con respecto a otros enfoques, bien centrados en el ser humano, bien en la sintomatología.

La segunda de mis inquietudes era la formación y la divulgación. Había estado 15 años dando clase a psicólogos y supervisando casos, y quería poder seguir de alguna manera. Tener un blog y publicar cada mes un artículo me da ese espacio. Descubrí que a mucha gente que no es de la profesión también les interesaba leer sobre temas que pudiesen tocarles de cerca y ayudarles a tener otra perspectiva, o incluso aclarar las dificultades propias o de alguien cercano. Cosas que explico en terapia, están plasmadas con más amplitud y me da la oportunidad de que no se olvide el mensaje al pedir que se lea y me den su opinión.

La tercera de mis inquietudes era un tema de economía del tiempo en sesión. Existen tareas que se prescriben que llevan tiempo explicar, o por ejemplo practicar una relajación. Quitan tiempo de otras intervenciones, y por otro lado, cobrar 60 € por hacer una relajación o rellenar un genograma, no me parece ético. Por eso apareció la sección "herramientas". Las tareas están en la web, podemos mirarlas en el móvil y las imprimen en casa, o escuchan el audio con mi voz. Además, para las personas que necesitan cierto control sobre de qué va la psicoterapia, pueden hacerse una idea antes de pedir cita y no venir como probando suerte.

La página de Facebook Psicoterapia Familiar Donostia está abierta desde el 2013. Surgió por una necesidad de mantener los grupos de formación conectados. Cada año teníamos tres promociones, que solo coincidían en seminarios, y no se mezclaban mucho; ¡tenían un montón de cosas en común y no las compartían! ¡Terapeutas sistémicos!

En ella compartía material de clase, información, enlaces de YouTube con reportajes interesantes, cosas que salían en los grupos, artículos, cosas que circulaban por la red, curiosidades, chistes… Sigue siendo así, pero la gente que sigue la página ya no sólo son psicólogos, sino también asociaciones o profesiones afines y personas a las que les interesa saber sobre temas de psicología.

QUÉ HE APRENDIDO

A nivel de modo de trabajo, he aprendido a hacer un tipo de publicidad con el que me siento cómoda. Google tiene su sistema, a base de clics, al que hay que adaptarse, pero tiene la opción de mantener publicaciones semanales que enlazo con la web. Y la web es visitada y a quien le parece interesante lo que muestra, se pone en contacto conmigo. Es curioso, pero esperaba que el teléfono fuese el primer medio que utilizasen, y no ha sido así. Primero, por mail desde la web, le sigue el teléfono y después desde Facebook por Messenger.

Sigo recibiendo clientes desde derivaciones de otros profesionales o antiguos clientes, pero el tipo de publicaciones y espacios en los que aparecen éstas, han cambiado a quien decide pedir cita. Veo menos sintomatología crónica y me ha sorprendido gratamente que las personas en general no esperan a estar muy mal para pedir ayuda.

Aquí tengo que hacer un inciso. Me han llegado muchos casos de rupturas. Son procesos de duelo que dependen del tipo de relación rota, del apoyo social de la persona y del nivel de stress que deriva. La negación es parte del proceso, pero he aprendido que hay situaciones en las que, aunque hayas estudiado que tu trabajo es ayudar a enfrentar el proceso, si hace falta esa protección, no me siento en el derecho de romperla.

Siempre me ha gustado el trabajo con parejas. Es difícil ser aceptada dentro de una relación que llevan años juntos y que tienen sus reglas de interacción propias, pero cuando lo hacen, la ayuda y el aire fresco que aporta un terapeuta cambia por completo el clima de trabajo. Después de la madre, es a la pareja a quien más se ha culpabilizado en la literatura de los males de la familia. No acabo nunca de sorprenderme de los recursos que veo que sacan y del nivel de cambio que hacen en cuanto dejan de defenderse el uno del otro y empiezan a confiar lo suficiente como para compartir y solucionar asuntos pendientes. Es verdad que en ocasiones este año he comprobado que no hay vuelta atrás por el daño hecho, pero es mejor enfrentarlo que seguir en la pelea y el dolor.

He aprendido que hay algo en las parejas que va más allá de lo que yo puedo controlar. Hay algo que no es la comunicación, ni procesos vitales que les han distanciado, ni diferencias de educación o los hijos. No es el ser compatibles sus personalidades, ni el reparto de roles, ni su adaptabilidad a los cambios, ni lo que se arriesgan al apostar por la relación. Hay un componente emocional desligado de la influencia de esos otros factores, pero que sin duda éstos, lo rompen. Es el amor que sigue entre ellos, y que al solucionar lo pendiente, vuelven a dejar que se muestre. Muchas veces me veo tentada cuando conozco a una pareja de indagar si está todavía ahí; pero hay relaciones que se mantienen por otras razones y no es algo que yo vaya a juzgar. He visto parejas que lo que les mantiene es el sentimiento de ser familia, otras, la lealtad y el cuidado. Y bien está.

Otra cosa que he aprendido este año es la influencia positiva de los hijos en los padres. Igual me da que sean casos de familias que han acudido a terapia, como personas con otra demanda que son padres, o incluso, abuelos. Es un momento vital y una relación tan importante para ellos, que se convierte en una segunda oportunidad para reparar daños pasados. Temas que requerirían un tiempo de elaboración más o menos largo, en este momento, tienen la oportunidad de una relación sanadora. Sólo me queda señalar el paralelismo entre sus faltas y la situación actual y facilitar la solución.

He tenido casos de proceso más largo en los que hemos podido entrar a hablar del genograma familiar, y de su influencia en la actualidad. En la primera cita con mis clientes, me gusta ponerme de acuerdo con el objetivo de la terapia. En muchas ocasiones, el acuerdo se centra en la dificultad presente, que es lo que le está provocando la angustia o la ansiedad. Doy por supuesto que hay más cosas que pueden estar explicando lo que ocurre, pero no siempre hace falta entrar en ello para solucionar lo acordado, y respeto la decisión tomada. El caso es que no deja de sorprenderme que, cuando surgen las conexiones con la familia de origen en alguna conversación o dato al aire, las personas en general no son conscientes de esa relación, por muy descarada que a mí me parezca. Y en los casos en los que hay acuerdo en buscar los porqués, lo que me ha sorprendido es la lealtad a la familia y cómo se toman decisiones en torno a ese sentimiento que en otra circunstancia no se harían, pero al mismo tiempo, hay alguna acción que muestra la necesidad de liberarse.

Sigo convencida que gran parte de mi trabajo no es solo todas las estrategias profesionales o el ojo clínico con el que puedes ver qué es lo que está ocurriendo a una persona, a una pareja o a una familia. Creo firmemente que una parte importante de mi trabajo es implicarme en la relación con mis clientes. Un tipo de relación en la que permito una vinculación en la que puedan sentirse seguros, que implica unos límites, pero también una confianzas. La relación fría y distante del profesional clásico no sana ni contiene, y es verdad que requiere mayor trabajo personal y tablas, pero los beneficios, compensan.

Por último, he dado charlas a colegios para AVAIM, y he aprendido que a los adultos nos cuesta mucho pensar que alguien haría daño a un niño y lo negamos con mucha facilidad. No son muchos los colegios que hacen hueco para dedicar unas clases a hablar con los niños sobre prevención de abusos sexuales. En los colegios que mejor me han recibido son, casualmente, aquellos que han tenido algún caso.

#oficina #aniversario

  • Black Facebook Icon