• Amagoia Alemán Méndez

LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA Y EN LA FAMILIA


"Tenemos que hablar más", "falla nuestra comunicación", "no se cómo decirte las cosas"… probablemente, nos resulte más fácil localizar la necesidad de compartir algo más o distinto con alguien que saber cómo hacerlo. El artículo te da las claves para entender esa dificultad y enfrentarla, además de señalar lo que es una comunicación sana y una dañina.

ÍNDICE: Introducción. la comunicación sana

La comunicación

La comunicación dañina

La pareja y la comunicación

La familia y la comunicación

Ideas importantes a tener en cuenta

INTRODUCCIÓN

La comunicación entre personas es algo más que un flujo de información relevante para la supervivencia. El ser humano logra más objetivos si trabaja en equipo, sí, pero además, es un ser social, busca compartir experiencias y emociones y cría a su prole en grupo. Así que través de cómo se comunica, la relación se establece de una manera u otra. Por eso hablamos de una comunicación sana o dañina, porque el tipo de relación que establece, lo es. Y se puede inferir el tipo de relación entre varias personas por el modo de hablarse. Por ejemplo, sabes que la relación entre dos personas es de padre/madre e hijo, porque el adulto envía muchos mensajes al menor sobre lo que tiene que hacer, estableciendo una relación de cuidado y guía. O puedes pensar que hay una relación de pareja entre dos personas por los mensajes de cuidado y cariño mutuo.

Otro aspecto importante, es que la comunicación se emite y llega al otro por dos vías, la oral y la de la conducta. Lo que decimos y lo que hacemos con respecto al mismo mensaje. Podemos decir, por ejemplo, que estamos preocupados por alguien que está enfermo, a la vez que buscamos modos de ayudarle, como buscar un momento para cuidarle. Un mensaje congruente sería aquel que en ambas vías se dice lo mismo, en el ejemplo, buscar una solución para la preocupación de la enfermedad, sería lo congruente. Puede ocurrir que alguien explícitamente no hable, pero al actuar, esté dando el mensaje; en el ejemplo, puede ocurrir que te presentes en casa de la persona enferma y le ayudes, sin expresar tu preocupación, y todos se den cuenta aún así que estás preocupado.

La comunicación sana es fruto de una rutina de relación y se puede educar. Características:

- permite la expresión emocional y se utiliza la empatía (colocarse en el lugar del otro);

- permite la expresión de necesidades y se utiliza la asertividad (defender los propios intereses sin herir al otro);

- se respeta al otro al expresarse, quien se siente un interlocutor válido y confirmado en cada una de las interacciones;

- se expresan las cosas que hace o dice el otro que nos gustan.

LA COMUNICACIÓN

Existen varios factores que van a influir en cómo transcurrirá una conversación. Solemos obviarlos, hasta que uno de ellos influye de sobre manera y bloquea el flujo productivo de la reunión. Por eso, cuando la comunicación está atascada, ayuda poner unas reglas básicas que ayuden a mantener a raya esos factores.

Factores que influyen en la comunicación:

- FACTOR HUMANO. La realidad es una interpretación propia, en ese sentido, no somos objetivos, y nos influye la opinión que tenemos sobre ella, nuestros valores y experiencias y necesidades, pero sobre todo, nuestras emociones.

- FACTOR MOMENTO VITAL. Las situaciones presentes que generan ansiedad que estamos viviendo, influyen en cómo interpretamos las experiencias y escuchamos lo que nos cuentan. Hacen como de filtro, seleccionando aquello que se asemeja a lo que en este momento nos observe de preocupación. Es como si todo el día estuviésemos escuchando música heavy y al hablarnos, escuchásemos las palabras como letra de esa música.

- FACTOR INTERACCIONAL. Según nuestro lugar dentro de un acontecimiento, nuestro papel en él y la relación con los otros participantes, tendremos una visión concreta. Y también nuestra versión estará condicionada por la relación que tengamos con la o las personas que nos escuchan o puedan llegar a conocer lo que decimos.

- FACTOR PERSONALIDAD. Grado de capacidad para salir de nosotros mismos y llegar al otro. La capacidad de empatía supone poder ponerse en el lugar del otro y sentir lo que está sintiendo. Requiere una buena habilidad de gestión emocional, además de tener un grado de estabilidad emocional que permita interacciones con más emociones que las nuestras sin rebosar la capacidad propia. También hace falta capacidad de gestión de la frustración, porque al enfrentarnos a una interpretación distinta a la nuestra de las experiencias, entra en juego nuestra tendencia a la rigidez o flexibilidad, es decir, si tendemos a quedarnos con nuestra idea o si tendemos a incorporar lo nuevo para ampliar o modificar nuestra versión.

- FACTOR HABILIDAD. Capacidad de expresión de ideas y emociones, para luego darles un sentido y una integración en la experiencia. Requiere capacidad de atención, concentración y gestión de distintos factores y su análisis. En general, las personas nos referimos a este factor como inteligencia y si no nos sale bien, nos llamamos tontos. Pero en realidad, tiene un a variable muy importante de aprendizaje. El equilibrio entre defender nuestras ideas e intereses no tiene que estar reñido con la agresividad, sino que es más bien un tema de asertividad.

- FACTOR HISTORIA VITAL. El pasado y las experiencias marcan un aprendizaje. Influyen en cómo elegimos los aspectos importantes en las experiencias presentes y en cómo escuchamos. Por eso, cuanto mayor autoconocimiento tenemos de cómo funcionamos y qué nos toca emocionalmente, mayor capacidad de salir de nuestra visión.

La reglas básicas que se podrían acordar para que aun existiendo estos factores la comunicación entre dos o más personas sea productiva, podrían ir en la siguiente línea (existe un PDF en la sección "Herramientas" de la web con las "reglas de comunicación" de tarea para parejas):

- Acordar un buen momento para todos, sin sorpresas e impulsividad, con la intención de lograr algo constructivo entre todos. Si la situación se descontrola, es mejor dejarlo y retomarlo más tarde, cuando se esté más calmado.

- Hacer turnos para exponer cada uno lo que quiere decir, con un tiempo repartido que sea igual para todos. A veces, viene bien haber pensado antes lo que se quiere decir, y otras no, pero lo importante es no irse por las ramas y hacer resúmenes. Monopolizar el espacio de la conversación no lleva a entender al otro, y callar, no permite al otro enterarse de lo que te pasa. Por lo que al final, la información y la empatía no fluye.

- Escuchar debe ser algo distinto a que lleguen sonidos por el oído: tiene que llegar la experiencia del otro y te tienes que poner en su lugar, y respetar esa visión aunque no la compartas. Aunque está permitido, pidiendo antes permiso, hacer preguntas para facilitar la comprensión y el contacto físico para facilitar la expresión emocional o compartir una emoción, recuerda que cuesta mucho hilar ideas y poner nombre a los sentimientos y las interrupciones no ayudan, por lo que la mejor opción, siempre es hacerlo al finalizar el turno.

- Hablar desde "el yo": "yo pienso que…", "yo siento que…". Sólo tú, de los que estáis reunidos, puede hablar por sí mismo de primera mano. Así que permite al resto que conozca tu experiencia desde la humildad y permítete escuchar la de otros, sólo ellos saben cuál es la suya. Entrar en lo contrario sólo lleva a defenderse de lo que otro ha dicho de tí y a sentirse herido e incomprendido.

- Peticiones directas. Es importante para que una conversación llegue a buen puerto, que cada persona se haga cargo y responsable de lo suyo, sus emociones y sus necesidades. Si esperas a que adivinen qué necesitas, porque es evidente o porque te conocen bien, en realidad, no estás siendo una persona activa en tu vida. En el momento en el que tenemos que pedir a los otros que hagan algo por nosotros, a dejar de hacer algo, hay que pedirlo de modo directo, con algo concreto y realizable. Encerrarse en el reproche al otro, es encerrarse en la pasividad y victimismo.

- "Armas prohibidas". Son temas, palabras, gestos, volumen… que hacen que una persona en particular deje de querer tener una comunicación con el otro. Muchas veces, están relacionadas con la historia vital de cada uno, y hay que respetarla.

LA COMUNICACIÓN DAÑINA

La comunicación dañina es aquella que produce sufrimiento e impide el crecimiento individual de las personas. Te sientes incomprendido, enfadado con el otro y tratas de no ser herido. Para salir de ella, hay que hacerse cargo de la situación lo primero, y ser responsable de la parte que nos toca. Habría que retomar de forma consciente el compartir emociones y pensamientos de un modo constructivo, poniendo especial hincapié en una correcta gestión emocional. Muy importante, cambiar la agresión al otro por el cuidado, y el defenderse, por dejarse cuidar. Aprender a hablar desde uno mismo y respetar el espacio y opinión del otro. Y poner en práctica todas nuestras habilidades de negociación y resolución de conflictos.

Las características de una comunicación dañina:

- No se escucha al otro, no se espera que vaya a decir algo importante; incluso una persona puede acaparar todo el espacio e interpretar lo que el otro siente o piensa o tiene intención de hacer. Uno se siente incomprendido, tanto el que no es escuchado, como el no escucha, porque al final, no obtiene un feedback de confirmación de su modo de hacer.

- Existe agresividad y descalificación hacia el otro, en distintos grados, desde la pasividad como modo de retirada de relación, hasta insultos o agresiones físicas. Se pueden utilizar cosas o temas que se saben hace daño al otro. Se rechaza al otro directamente antes incluso de ver o escuchar. Se sacan trapos sucios y se va por las ramas, sin comprometerse y hacerse responsable de lo que se acaba de decir. Se puede llegar a entrar en escalada de agresión en igualdad de intención, o puede pasar que uno de ellos se vuelva el único agresor.

- Se intenta controlar al otro y quedar por encima, como modo de defensa a la agresión y a la sensación de incomprensión. Se entra en el chantaje para lograr lo que queremos, se manipulan sentimientos y a los otros no presentes en propio beneficio. No te comprometes en lo que dices y se entra en constante contradicción, incluso el contenido de lo dicho se vuelve caótico. No se es congruente con lo que se dice en la conducta del día a día. Incluso se puede llegar a ser paradójico, en el sentido de contradecirse en extremo en lo que le pedimos al otro, que haga lo que haga, siempre nos fallará. Se imponen los criterios propios, se llenan las conversaciones de quejas y acusaciones hacia el otro, se generaliza y se intenta cambiar al otro. Se dan por hecho cosas y se presuponen otras. Se recurre al pasado y a temas pendientes que no viene al caso.

LA PAREJA Y LA COMUNICACIÓN

La relación de pareja es un tipo de relación muy cercana y que con el tiempo se vuelve muy importante. Volcamos en ella muchos aspectos de nosotros mismos, algunos, inconscientes. Cuidar la comunicación se vuelve prioritario si queremos que evolucione con nosotros, y resuelva todo aquello que la vida nos depare.

Quizás, el primer aspecto que evidencia que la relación está ajustada a ambos miembros, es la cohesión entre ellos, es decir, la frecuencia con la que realizan actividades en común y colaboran entre ellos. Muchas parejas caen en el error de repartir los roles, entendido como reparto de tareas y tiempo libre, para ser más eficaces y eso si no es flexible y con escepciones, les distancia.

El siguiente aspecto a tener en cuenta, es el grado de consenso que son capaces de lograr en temas como el manejo del dinero, trabajo, el ocio, tareas domésticas, decisiones, filosofía de vida y objetivos, valores, amistades y familias de origen. Una buena comunicación ayudará a los miembros a sentirse entendidos aun cuando no se compartan opiniones, y una buena gestión emocional ayudará a manejar la frustración de no conseguirlo todo o exactamente como se quiere.

Otro aspecto es si en la relación la expresión de afecto fluye bien para ambos miembros de la pareja y si la sexualidad funciona. Cada pareja maneja este aspecto en su grado de necesidad, y una buena comunicación hará que se ajuste a esa necesidad.

Por último, el aspecto de la satisfacción con la relación, si los miembros se sienten felices, hay confianza y ven futuro. Probablemente, si hay muchas discusiones a lo largo del tiempo y no se solucionan los temas, si el afecto no se siente, el sexo no funciona y entra el sentimiento de soledad, la sensación sería la contraria, que no se es feliz, y el fantasma de una separación empezaría a rondar.

LA FAMILIA Y LA COMUNICACIÓN

La familia es la primera mini sociedad que una persona tiene, es donde aprende la base de todo y hace por primera vez casi de todo. La familia es donde aprendemos a amar y a respetar y un montón de valores. El modo de transmisión a través de la comunicación se vuelve muy importante, porque permitirá o atascará la función de guía de los padres, y por otro lado, porque la expresión del afecto y el reconocimiento cimentarán la autoestima futura.

Un exceso de control puede dificultar la autonomía y no aprender a autorregularse. La comunicación se vuelve unidireccional y autoritaria. Se vuelcan muchas expectativas en el hijo, que no se verá capaz de cumplir, y o tenderá a fracasar o a la sublevación.

Una falta de guía parental deja en la incertidumbre a alguien que todavía no sabe cómo hacer las cosas, y se sentirá impotente. Se entra en el terreno de la negligencia y en el sentimiento de que no importas, la indiferencia.

Una guía sana está en el equilibrio, en una protección hacia el crecimiento e independencia. Y para ello hace falta una comunicación intensa en la que los padres hablen en alto del proceso que les lleva a una solución de problemas, acompañen y miren desde la barrera. Escuchar, permitir la negociación y alternativas que igual no serían las suyas, pero son el camino hacia una buena decisión. Compartir inquietudes y experiencias, fantasear. No estar siempre en el mundo de los adultos, con la lógica adulta y la conversación adulta.

Y por otro lado, enseñar empatía y gestión emocional supone poner límites, pero también dar lenguaje: poner palabras y hablar sobre emociones.

La vinculación con los padres dependerá de la percepción que se tenga sobre el grado de control que ejercen sobre uno y el grado de cuidado recibido. El vínculo óptimo sería aquel en el que el cuidado es alto y no hay sobreprotección. En el vínculo ausente, no se percibiría ni una cosa ni la otra, sino más bien que no estuvieron presentes en su niñez. El exceso de cuidado y sobreprotección daría un vínculo constreñido con los padres, y cuando no se percibe cuidado en ellos pero sí sobreprotección, se daría un vínculo de control sin afecto.

Los aspectos de la relación dentro de la familia serían los siguientes:

- percepción de si la familia está unida y te sientes parte de ella;

- si se pueden expresar emociones y vivencias;

- si se puede o no expresar libremente lo que uno no está deacuerdo y se resuelven conflictos;

- si se fomenta el desarrollo personal, la autonomía y las decisiones propias;

- si se comparten intereses y valores;

- si se percibe que hay una estructura familiar estable y clara;

- si hay una organización familiar con coherencia;

- el grado de control que ejercen los padres.

IDEAS IMPORTANTES A TENER EN CUENTA

- La otra persona tiene que estar con nosotros por elección propia.

- Cada uno elige su vida, lo que trae de otras experiencias son sólo condicionantes.

- Nos podemos equivocar en nuestras eleciones, tenemos derecho a ello, pero haciéndonos responsables de las consecuencias.

- Hay un límite al castigo que ejercemos hacia el otro cuando nos sentimos heridos.

- La confianza se otorga, no se gana. Todos tenemos derecho a que se confíe en nosotros. Pero podemos perder esa confianza con nuestras acciones.

- Creemos que si la otra persona nos quiere y nos conoce, sabrá lo que queremos y necesitamos, y por lo tanto, no hace falta hablarlo. Error.

- Las personas crecen, maduran, viven experiencias que les cambian, incluso cambian de gustos. No hay que dar nada por sentado.

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