• Amagoia Alemán Méndez

LA NEGACIÓN. YO NO HE SIDO... NO HA PASADO...


La negación es un mecanismo de defensa más utilizado de lo que pensamos. Tiene una función de protección ante las situaciones y emociones que producen angustia, frustración o ansiedad, y se mantiene hasta que somos capaces de enfrentarlas.

INTRODUCCIÓN

Edgar Allan Poe, en pleno duelo de su mujer Leonor, escribió el poema "El Cuervo". Cuenta cómo una noche creyó oírla entrar en casa y la realidad le aplastó al ver que era un cuervo.

Existen realidades difíciles de aceptar, por muy maduros y fuertes que nos creamos. Existen situaciones y relaciones que nos hacen daño, por muy bien que gestionemos nuestras emociones. Todos necesitamos un tiempo para adaptarnos a situaciones o cambios, por mucho que los viésemos venir. En ocasiones, las cosas se nos van de las manos, y cuesta aceptar sus consecuencias, nuestra responsabilidad en ellas y que igual solos no podemos arreglárnoslas.

Puede faltar madurez, puede faltar autoestima y confianza en nuestra capacidad de enfrentar una dificultad, puede que no nos guste sufrir o decepcionar, puede que estemos saturados de situaciones duras, puede ser que tengamos una imagen que haga falta mantener, puede que la primera palabra que nos salga de modo impulsivo sea "no".

Lo cierto es que cuando hay que enfrentar una situación que produce malestar, inconscientemente nos podemos defender de ella negándola. Negamos su existencia, su relación o importancia con nosotros. Así evitamos, aunque sea parcialmente, la angustia, la frustración o la ansiedad que nos provocaría. Aunque hay muchas formas de expresar esa negación, la respuesta suele ser automática y es más fácil recurrir a refranes y frases hechas, porque evitamos razonar lo que estamos haciendo. A continuación, algunas frases hechas sobre la negación.

FRASES HECHAS

No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere oír.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

Todo es según el color del cristal desde el que se mira.

Si todo el mundo lo ve, igual soy yo la equivocada.

Es mejor tener algo que no tener nada.

Algo pasa cuando alguien te da explicaciones sin pedirlas.

(Para ser franco… ) No me importa lo que la gente piense de mí.

Mejor solo que mal acompañado.

Después de la tormenta viene la calma.

Lo que no te mata, te hace más fuerte.

Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados.

LA NEGACIÓN Y NUESTRA PARTE INFANTIL

Desde muy niños aprendemos las ventajas de utilizar el "no" en la interacción con los demás. Qué decir de una etapa en la que es tan importante la relación como es la adolescencia. Ya puede ser atractiva la idea, que por diferenciación, la respuesta será "no". Los niños aprenden que con el "no" consiguen más atención de sus padres que siendo obedientes o conformistas. Si aceptan a la primera, no hay elección, pero al rechazar, aparecen un montón de alternativas para satisfacerle. Por ejemplo: si se niega a un helado de chocolate, el adulto se extrañará y comenzará a tentarle con más entusiasmo con otros sabores, chispitas… Además, tiene beneficios secundarios como conseguir que sus padres hagan cosas que no harían de no ser por su postura, saltándose una negociación en la que tendrían pocas herramientas para salirse con la suya. Por ejemplo: en un día en el que el niño ha sido muy regañado, negarse a salir de casa puede hacer que los padres ofrezcan planes que en otro momento no tendría por su comportamiento.

Cuando "crecemos" y "maduramos", aprendemos una gran cantidad de recursos en nuestras experiencias y las utilizamos al enfrentar situaciones concretas. Pero hay en nosotros todavía una parte insegura e infantil que a veces aparece para utilizar esas técnicas arcaicas de conseguir el apoyo de los demás u otros beneficios secundarios.

LA NEGACIÓN Y EL INCONSCIENTE

Existe en todos una parte de la que no somos del todo conscientes hasta que alguien nos la señala en nuestras palabras, acciones o reacciones emocionales. Nos sorprendemos al reconocerla, incluso al reflexionar, admitimos que es nuestra, pero no la habíamos visto. Es, por definición, el inconsciente. Tiene otro modo de funcionar, sin orden y sin límites. Lleno de deseos, fantasías, recuerdos, aprendizajes, conversaciones. Condicionan nuestras respuestas, a veces lo vemos y lo traducimos en algo aceptable, pero la mayoría, se nos escapa. Si eres de las personas que recuerdan lo que han soñado, estás en contacto con esa parte de tí, porque cuando dormimos, no hay separación con la consciencia. La creatividad está también más cerca, y existen drogas que inhiben la censura de la realidad.

En ocasiones, surge contenido del inconsciente que no nos gusta y una manera de manejarnos con él es negando que sea nuestro. Por ejemplo: te han regalado un objeto con mucha ilusión por Navidad, pero a tí te molesta verlo todo los días en casa porque no te gusta; un día tropiezas torpemente y lo rompes, pero la alegría que sientes te hace sentir culpable y te niegas toda relación contigo "se rompió". Otras opciones para negar la agresividad porque no te gusta: si fuese un reloj, en cuanto se le acabase la pila, "se me olvida ponerle otra"; si es un adorno, lo escondes tras algo más grande y te dices "no queda mal ahí"; si es ropa, la cambias y te dices "la talla no era la mía".

Quizás este ejemplo no parece un gran problema, pero cuando la agresividad que sientes como peligrosa es hacia alguien a quien quieres, el manejo se complica; no hablarás de ello, pero en tus conductas, realizarás actos fallidos similares. El conflicto se abrirá hacia otros temas. Si sientes decepción porque tu hijo no está a la altura de tus expectativas, si te frustra que esté enfermo y no sea como tú, pero no concibes que un padre sienta algo así, probablemente rehuyas mostrar enfado hacia él, pero pude que estés siendo negligente por no afrontar ese sentimiento.

LA NEGACIÓN Y LA REALIDAD

Existen situaciones de vida que no elegimos enfrentar y necesitamos un tiempo para hacernos a la idea, coger fuerzas y confianza. durante ese tiempo, negaremos que esa situación se esté dando. Puede ser la muerte de alguien cercano, una enfermedad de alguien a quien quieres, un amigo que cambia el modo en que le ves, una amistad rota, un viaje frustrado. Dentro del proceso de un duelo, la primera etapa, de hecho, es aceptar lo ocurrido. Existen familiares que pueden estar notando que algo no va bien en uno de sus miembros, pero negarán que así sea hasta que se crean capaces de prestar la ayuda necesaria.

También suelen ocurrir situaciones que, elegidas o no, cambiarán nuestra vida o la de nuestro contexto, y hasta que no estemos preparados, no las aceptaremos y negaremos. Una crisis de pareja, una crisis personal, un embarazo, el crecimiento e independencia de los hijos, un proyecto que no conseguimos llevar a cabo, un proyecto en el que no acabamos nunca de comprometernos.

Hay situaciones en las que simplemente aceptarlas supondría hacernos responsables de nuestra implicación. Vengamos de la historia personal que vengamos, elegimos libremente nuestra conducta, y también conocemos sus consecuencias, pero enfrentarlas en ocasiones es incómodo. Y se niegan para evitar enfrentar dolor, inseguridad, conflicto, culpa o rechazo. Por ejemplo, una persona a la que se le ha pillado mintiendo, rompiendo un compromiso, o un adolescente que llegó más tarde de su hora, dirá "no lo hice con mala intención". Autoengaños, mentiras, excusas,… que atrapan en círculos viciosos, y que no se romperán hasta que se acepte y asuma lo ocurrido.

LA NEGACIÓN Y LAS DIFICULTADES

En los inicios de una adicción, la persona se niega a sí misma la dependencia a una sustancia, al juego u otras adicciones, cree que tiene el control de la situación y se quiere quitar un problema con sus familiares o contexto social y laboral. Entra en un circulo vicioso que cuanto más culpa siente por lo que está ocurriendo, más lo niega.

Algo similar ocurre cuando detectamos una sintomatología anormal en nosotros. El miedo es reprimido y se niega que esté ocurriendo algo. Los síntomas de una enfermedad se descuidarán o seremos negligentes, incluso cuando ya está diagnosticada y en tratamiento, la depresión se ocultará tras una sonrisa, la ansiedad se llamará "estoy muy nervioso", un trastorno alimentario será "estoy a dieta".

En las situaciones de agresión (violencia de género, mobbing, bulling, abuso sexual infantil,…) hacia una persona, el agresor negará su comportamiento o minimizará sus consecuencias para no conectar con su responsabilidad, tanto en lo que hace como en poner remedio a su problema. Se dirá que "se lo está buscando", o "me ha provocado". Si la víctima no confía en que el contexto puede ayudarle, negará que esté sucediendo esa agresión, para atenuar el dolor. Justificará el maltrato porque le da lástima, o dará crédito a la manipulación que sufre. En las relaciones tóxicas, se negará que exista un enganche mutuo.

Existen personas que niegan tener dificultades y ayudan a otros para ocultarlas. Entran a controlar y manejar la vida de esas personas, incluso se ponen en riego a sí mismas. Son difíciles de convencer para que desistan, porque al hacerlo, lo negado retornará.

LA NEGACIÓN Y LA FALTA DE EMPATÍA

Relacionarse con una persona que ha hecho de la negación un modo de relacionarse, no es en absoluto fácil. No es la mejor manera de enfrentar las situaciones, por lo que las personas que le rodean, ven cómo la situación continúa sin solución y no pueden hacer nada. Peor aún si se trata de alguien de quien dependes, un jefe o un padre, porque no ejercerá correctamente su función y te salpicarán conflictos en los que no tendrás la suficiente capacidad de maniobra para solucionarlos.

Cuando confrontas a una persona en negación constante, por muy asertivo que seas, el conflicto está asegurado. Si esperas que esa persona se ponga en tu lugar y en tu sufrimiento, estarás dándote contra un muro, porque está metida dentro de sí y no ve a nadie más. Funcionará bajo su necesidad hasta que esté preparada o tenga que afrontar las consecuencias de sus actos. Y aún así, puede negar que te necesite en su vida.

LA NEGACIÓN SOCIAL

El ser humano en grupo se comporta de un modo diferente, se podría decir que el grupo es capaz de eliminar la voluntad y el juicio individual. Ante una situación se erige un líder que representa la autoridad y a la que no se le cuestiona, estando él, no hay que temer problemas. Entre lo que el individual opina y lo que dice el líder, prevalece el discurso del líder, por lo que lo propio, se niega.

Por ejemplo, para explicar el Holocausto nazi, se enmarca a Alemania metida en una segunda guerra cuando todavía no había salido de las consecuencias de la primera, y Hitler encajó como el dictador que iba a sacar a delante al país, negando la debilidad y desolación que la I Guerra Mundial había provocado. Los alemanes no son débiles, son fuertes, de hecho, la raza por excelencia que dominará el mundo.

LA NEGACIÓN Y EL PROCESO DE ADAPTACIÓN

No importa de dónde venga la ansiedad que provocó la negación, es parte de un proceso de adaptación, y tendrá que aflojar la censura del contenido que está reteniendo a la consciencia. Puede ser un proceso corto o largo, gradual o de golpe. Puede suponer un aprendizaje más o un gran cambio en la vida de la persona. Pero es necesario afrontar lo que ocurre. Los mecanismos de defensa consumen una gran cantidad de energía, porque dentro de nosotros la angustia querrá salir, y en la realidad y en las situaciones diarias, todo nos confrontará esa negación.

CUANTO MÁS NEGAMOS, MÁS LEJOS ESTAMOS DE LA SOLUCIÓN. LA VERDAD ES NECESARIA PARA ESTAR EN PAZ CON UNO MISMO, ACEPTANDO Y AFRONTANDO LA REALIDAD, EVOLUCIONAREMOS. CARL JUNG: "LO QUE NIEGAS TE SOMETE, LO QUE ACEPTAS TE TRANSFORMA".

#Autoayuda

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